Nivelación de valor

Hay asuntos que debieran de llamar nuestra atención y me refiero nada menos que a uno de los criterios que al final tiene más peso para elegir gobernantes: las expectativas económicas, especialmente lo que tiene que ver con la riqueza y su distribución
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@ManuelRodea

¿Igualas el valor o ‘te vale’?, porque hay de comparaciones a comparaciones, desde la molestia por una mala acción que coincide con el defecto de un conocido o familiar y que alguien más en la casa nos llama por el nombre de esa persona para hacernos repelar hasta la de un presidente que una vez al ser cuestionado por un documento con precios ofensivos en la lista para bienes comprados como chorizo o clavos interrumpió para decir “no me confundan”.

No es que nos clavemos en el pasado, pero para comparar una variable el economista suele hacerlo utilizando el valor de esa misma variable en diferentes cortes temporales como es el caso de los precios aunque también ocurre con cualquier otro indicador como el tipo de cambio que en estos días se ha mantenido más o menos estable, o la inflación que se elevó la semana pasada para comenzar a encender alarmas, el caso es que de un panorama complejo es preciso enfocarse en los problemas observados con carácter más urgente.

Y a propósito de tiempo, no se nos olvide que se le quiere extender el contrato a uno de los contados jueces que ha demostrado fidelidad a ese presidente enmedio de los pleitos de Morena con el INE, en ese estira y afloja en el que luego de que Salgado Macedonio amenazara de muerte a Lorenzo Córdova, Mario Delgado dijera con aires de cinismo –o diplomacia en el mejor de los supuestos– que confiaba en que el INE mantendría las candidaturas donde se han presumido irregularidades.

Se podría pensar que esos problemas solamente ocurren al sur del país, donde Morena tiene preferencia para los electores, aunque también el río suena más al centro dado que a Xavier Nava se le retiró la candidatura para reelegirse como alcalde y con justa razón porque lo está haciendo por un partido diferente al que militaba hasta hace poco sin la transición permitida por la ley, y quién sabe si pueda pasar lo mismo con la candidata a la gubernatura, la exsecretaria de salud de la entidad.

Lo cierto es que a pesar de que las controversias previas a la jornada electoral han sido y serán de lo que más se hable por lo menos de aquí al verano de este año tan inestable o más que el anterior, hay asuntos que debieran de llamar más nuestra atención y me refiero nada menos que a uno de los criterios que al final tiene más peso para elegir gobernantes: las expectativas económicas, especialmente lo que tiene que ver con la riqueza y su distribución.

Primeramente, es imposible ignorar que toma un lugar decisivo en el discurso porque se la estigmatiza al grado de que se le asocia en proporción directa con la corrupción, y uno de los puntos clave para manejar esa narrativa es una palabra que economistas que han ganado el Nobel como Joseph Stiglitz han utilizado como base de sus trabajos abordando este problema en un entorno de preocupación: la desigualdad.

Ante este hecho podríamos preguntarnos, ¿es mala la desigualdad?, porque al respecto declaró Ricardo Salinas Pliego esta semana: “una de las muy malas ideas que circulan por ahí, por todas partes hoy en día, es este señalamiento de la desigualdad como el principal problema de nuestras sociedades”, y de ahí podemos continuar la reflexión: ¿por qué es equivocado señalar la desigualdad?

Dejando de lado a economistas que pudieran dar grandes aciertos pero también son susceptibles de errores tremendos a pesar de ello, es un hecho que las expectativas de cualquier persona están en función de cómo entiende la economía, y si se piensa en la desigualdad como una situación no deseable, las consecuencias de ese pensamiento se traducirán en las ideas que determinen el actuar en consecuencia al momento de elegir. 

Más allá de Stiglitz, por desigualdad se entiende la diferencia entre lo que ganan magnates como Salinas Pliego o Carlos Slim –y ambos de alguna forma han estado en la mira últimamente por su relación con el presidente– y los obreros que ganan un salario aproximado al mínimo –y no son 50 mil pesos como supuso desatinadamente Samuel García–.

¿Por qué se cree que es mala la desigualdad?, la respuesta podría estar en la creencia –no del todo infundada– en que una de las consecuencias de la desigualdad es la pobreza, ¿y hasta qué punto es esto cierto?, para responder a ello hay que pensar en la procedencia del ingreso: el trabajo.

¿Siempre determina el trabajo el nivel de ingresos?, si es el caso, ¿por qué con tan pronunciadas diferencias?, de entrada Salinas y Slim no reciben sus ingresos –al menos no los principales– de un sueldo como la mayoría de nosotros sino de diversas rentas procedentes de las empresas y otras inversiones que poseen, y entonces si se piensa desde un sesgo personal como por ejemplo la envidia –como sugirió Sergio Sarmiento en Twitter–, ese pensamiento podría encajar en propuestas previas como las planteadas por ciertos autores del pasado respecto a la posesión de capital y su generación constante de plusvalía que estaban lejos del alcance del trabajador a menos de que este se levantara contra la burguesía para hacerse de ellas.

Si se es objetivo y se adquiere un uso más completo del acervo existente de pensamiento y teoría económica es posible evaluar esto como una visión simplista que no corresponde con las posibilidades de salir de la pobreza: si un trabajador hace un esfuerzo extraordinario y comienza a ahorrar o invertir, por mínimo que sea el monto, tarde o temprano comprará el sueldo de periodos futuros como dice uno de los slogans de una casa de bolsa que ofrece una app para invertir a partir de 100 pesos.

¿Todos podemos ser “capitalistas” entonces?, en los foros de redes sociales hay quienes lo ven imposible debido que se les dificulta ver más allá de sus ideas y en sus comentarios se entrevé la falacia de que “para ser capitalista se tiene que tener capital”, y en verdad que esto se desmiente con la realidad de quien tiene por lo menos 100 o 200 pesos guardados aunque sea abajo del colchón, y no se diga de quien con ese dinero compra acciones baratas, criptodivisas o algún otro activo cada vez más fácil de conseguir, y ahí tienes a alguien que podría apropiarse del mote humorístico que llevó a escribir un libro: un “pequeño cerdo capitalista”.

Casi le doy la razón a Sarmiento cuando dice que la desigualdad es un problema de envidia y la pobreza es un problema de dignidad humana, casi se la doy a Salinas Pliego cuando dice que la desigualdad es algo frecuente e inevitable pero no menciona por qué, lo importante para vivir sin paradigmas mal arraigados es que el problema principal no es la desigualdad y que no es esta la consecuencia de la pobreza, antes bien, cada persona es diferente y de una forma o de otra puede aprovechar sus talentos para salir de la pobreza, y es mejor solucionar su pobreza fomentándolos que simplemente repartiéndole dinero si está en condiciones para aprovecharlos. 

El problema entonces no está en la riqueza sino en la forma de ganarla, el problema no es comer gorditas al calor de un pueblito o caviar con vino tinto en el frío de Aspen, el problema está en el carácter lícito de la procedencia de nuestra riqueza, y lo sustancioso para combatir la pobreza desde casa es nuestra capacidad de manejarla entre otras decisiones que podemos tomar.

Si logramos desterrar errores de nuestro propio pensar, dejar de creerles a quienes nos hacen creer lo contrario y no permitirles elegir por nosotros es un buen paso para empezar a solucionar este y otros problemas que se han agravado en parte por nuestras malas decisiones.

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