Valor de reemplazo

El hecho de que necesitamos dinero para vivir no cambia mientras estemos vivos, pero nuestra capacidad para obtener ese dinero si cambia con el paso del tiempo cuando envejecemos y ya no tenemos las mismas fuerzas para trabajar, lo que nos lleva a cuestionarnos qué va a pasar después de nuestro retiro
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@ManuelRodea

¿Aumentas el valor o ‘te vale’?, aquí viene nuevamente la disyuntiva entre Mutatis mutandis vs Ceteris paribus, lo que cambia vs lo que se mantiene, y el hecho de que necesitamos dinero para vivir no cambia mientras estemos vivos, pero nuestra capacidad para obtener ese dinero si cambia con el paso del tiempo cuando envejecemos y ya no tenemos las mismas fuerzas para trabajar, lo que nos lleva a cuestionarnos qué va a pasar después de nuestro retiro.

Un poco de historia sobre los fondos para el retiro en el país: el 1° de mayo de 1992 fue creado el Sistema de Ahorro para el Retiro, siendo este el hecho clave para la transición de un sistema de pensiones a uno de ahorro, ¿y por qué pasar de un esquema de recibir dinero después de jubilarse a uno de tener que ahorrar para hacerlo?, hay una cuestión: de entrada es difícil de sostener un modelo tributario que capte suficiente recaudación para financiar además de la erogación de una manutención para todos los empleados que se jubilan, el gasto corriente e inversión en los demás servicios públicos e infraestructura.

Asimismo, algo que dificulta un esquema así es el invierno demográfico, puesto que al reducirse la proporción entre la población económicamente activa y los jubilados –más personas retiradas que en edad de trabajar–, ese déficit aumenta, lo que lleva a tener que pasar de las pensiones al ahorro descontado al trabajador y a la empresa que lo contrata para fondear una cuenta que se le ha de entregar en cuanto se jubile.

Para compensar la pérdida de poder adquisitivo que supone la inflación y además multiplicar los recursos con los que el trabajador va a contar para el día de su retiro, el sistema financiero mexicano se reestructuró de manera que los fondos para el retiro pudieran ser invertidos en diferentes activos de inversión, tanto del mercado de valores que es de renta variable, como de títulos de renta fija que funcionan como pagarés que ofrecen una tasa de interés al tenedor de estos.

De este modo, el SAR administra el riesgo de inversión diversificando la cartera en función de la proximidad con la que el trabajador se ha de retirar delegando a las diferentes SIEFORE’s  (Sociedades de Inversión Especializadas en Fondos para el Retiro) el destino de ese dinero: las que trabajan con fondos que serán usados en plazos más inmediatos por la edad de los trabajadores que representan invierten en instrumentos menos riesgosos, de renta fija, y la composición de las carteras de las que siguen en grado de permanencia aumenta su proporción de inversión en activos de mayor riesgo como acciones y certificados de participación ordinaria cuyo valor fluctúa con el mercado y así como puede representar grandes ganancias, pueden transmitirse algunas pérdidas virtuales con la caída de estos activos.

Nos encontramos con un problema en esas cuestiones del riesgo y las inversiones: se considera riesgoso un proyecto que puede no ser rentable, y así es como podemos ver bajar en el mercado el precio de una acción de una cadena de tiendas de videojuegos –como GameStop en EU– cuando no le está yendo bien en ventas en un periodo determinado –en tiempos de pandemia se observó de forma generalizada en los rubros más vulnerables al confinamiento–, puesto que las expectativas de remuneración de ganancias en forma de dividendos disminuyen si se presumen pérdidas.

Siendo así, nos cuestionamos si deberíamos invertir nuestro dinero –si tuviéramos suficiente– en proyectos poco prometedores y que pintan para suponer pérdidas cuantiosas. Y si a los hechos les restamos la voluntad de tomar malas decisiones con nuestro propio dinero, nos queda un escenario más preocupante: personas apostando CON NUESTRO DINERO a proyectos sin pies ni cabeza como una refinería en plena transición de los modelos de producción de energía, una obra de deforestación que puede no ser tan segura por la austeridad y mala planeación que ya se ha visto en esa refinería aún desde antes de que funcione, y además de un aeropuerto de segunda o tercera categoría, la cancelación de uno que hasta fue galardonado por la calidad con la que fue diseñado.

Eso fue lo que se le ocurrió al diputado de Morena, Edelmiro Santos Díaz, que tuvo que deslindarse de su propuesta después de que su propia bancada lo hiciera e incluso intentaran desmentirla, a lo que la oposición respondió con un proyecto que preserve nuestros ahorros de cualquier intento de aprobación de algo tan desatinado: el Frente Amplio para la Defensa del Ahorro y el Patrimonio de los Trabajadores, propuesto por el senador del PAN, Francisco Salazar Sáenz.

Alguien que ya está en edad de jubilarse como el diputado Santos Díaz –que además ejerce una actividad que no es para nada mal remunerada– puede no afectarle algo de esta magnitud, de la misma forma que alguien que se toma fotografías comiendo tlayudas y gorditas o “macaneando” gracias a que a pesar de su edad se encuentra en perfectas condiciones puede no afectarle lo que está pasando una familia que perdió a un ser querido en un accidente como el que se vivió en la L12 del STCM y que ahora marchan exigiendo que los responsables se hagan cargo, y de la misma forma en que no nos afecta que graven ganancias en la bolsa si no lo hacemos directamente.

Seamos conscientes: todo acto político que está pensado desde el aspecto económico tiene repercusiones para todos y un costo que hay que cubrir, una iniciativa de ese calibre por ejemplo, a pesar de que hay hechos que sirven de distractores naturales como nuestra nueva Miss Universo, puede costarle popularidad al presidente de las selfies que asegura no ser del estilo demagogo en temas de imagen, y esto se puede medir en la cantidad de reacciones de “Me divierte” en publicaciones del Gobierno de México que aseguran que es uno de los mejores mandatarios del mundo.

El valor de reemplazo en una empresa, representa lo que cuesta cambiar un equipo nuevo por uno que se volvió obsoleto o incluso se descompuso, es hora de hacer cuentas en cuánto nos sale cambiar a los legisladores que siguen respaldando un proyecto descompuesto que puede averiarnos el país más de lo que ya lo está.

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