Valor y diversidad

Estamos pasando por una etapa en la que las últimas generaciones están cayendo cada vez más en el juego de la polarización mediante el abuso de criterios de segmentación cada vez más complejos y que si antes generaban confrontación, hoy los empeoran de forma innecesaria
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@ManuelRodea

¿Aumentas el valor o ‘te vale’?, porque a la hora del reparto ideal todos deberíamos tener el máximo de todo, pero pocos reparan en que algo se aumente o mantenga, tan absurdo como decir que quien usa anteojos “goza de un privilegio” por contar con unos y en un grado más obstinado de estigmatización a alguien se le podría ocurrir que los que traigan lentes deban partirlos a la mitad y a quien no tenga –aunque no los necesite– se le dé una mitad.

Así de abzurda, digo, absurda es la comparación, y es que la realidad supera las analogías: este domingo se pintó de 6 colores el paso de cebra del cruce de Av. Carranza y Tomasa Esteves en San Luis Potosí, del orden arco iris de la paleta de tonos no se puede hacer crítica porque lo cumple de forma cabal, pero la fotografía nocturna permite perfectamente analizar qué tan seguro se vuelve el cruce por esa esquina cuando la visibilidad es reducida; creo que no es novedad para nadie el que las lámparas suelen fallar y no ser reparadas de inmediato y que encima en la noche hay conductores imprudentes que abusan del alcohol, la velocidad o ambas, teniendo un riesgo adicional la reducción de la visibilidad de un cruce ya que los pasos de cebra por algo son de color amarillo o blanco.

Expliquemos esto y entendámoslo en la problemática general actual pensando en una película con la que muchos reímos: en Matando Cabos hay una escena en la que los protagonistas interpretados por Tony Dalton y Kristoff Raczynski alcanzan a un microbusero mañoso que se les había cerrado bruscamente, y en una luz roja después de intercambiar insultos el personaje de Dalton le atina a uno que le cala en lo más hondo al conductor confrontado: “p*nche bizco”.

Y es que en esto de las palabras inapropiadas y lo que se puede considerar ofensivo juegan un papel importante los estereotipos encerrados en los adjetivos calificativos y los usos coloquiales; en esa misma escena y antes del insulto estrella, el microbusero usa una palabra que suele usarse mucho en las taquerías cuando se atiende a algunas personas: “güerito”.

Justo cuando queremos dejar de hablar de cuestiones políticas y comerciales nos aqueja el tener que apelar a los usos para entender no sólo la realidad sino el manejo de situaciones: cuando un taquero le dice “güero”, “chato” o “amigo” a un cliente lo que busca es un halago que permita una experiencia agradable de compra; esto muy en contraste con un uso peculiar de un neologismo medio hípster: “whitexican”.

valor actual XVII-minValor progresivo vs valor decreciente

Estamos pasando por una etapa en la que las últimas generaciones están cayendo cada vez más en el juego de la polarización mediante el abuso de criterios de segmentación cada vez más complejos y que si antes generaban confrontación, hoy los empeoran de forma innecesaria: a quienes no nos tocó ser contemporáneos, por lo menos hemos visto videos antiguos en los que la afición española grita “¡indio, indio, indio!” cuando Hugo Sánchez llegó al Atlético Madrid, no veo inconveniente en que se pidiera una disculpa, pero preocupa una narrativa coercitiva hacia incidentes de esta índole y lo digo a propósito del progresivo endurecimiento de la FIFA frente a la FMF en su postura de sancionar a la afición mexicana por el uso del grito de “p*to”.

El tiempo mismo ayuda a que la gente reflexione y enmiende sus errores de manera natural y cordial, pues esa misma afición que llamó “indio” a Hugo Sánchez le acogió y le nombró “hugol” por su desempeño en el equipo. Por tanto, desde lo ideológico supone un absurdo que una porra de burla para el rival y que es de carácter impersonal aunque dirigida al portero del equipo contrario cuando despeja el balón sea tomada como propia ya no de una condición personal sino de un colectivo que cada vez coacciona más a una censura para poder tener carta abierta en acciones que pueden resultar más contraproducentes, desde el uso inadecuado de pintura para señalética de tránsito hasta las intenciones de forzar adopciones y propiciar adoctrinamiento en la educación sexual de las escuelas.

A corto plazo, parece obedecer a una extorsión entre la FIFA y la FMF, a largo plazo y en lo más general hablando en escala agregada tenemos una agenda geopolítica antinatalista aprovechando coyunturas desde situaciones claramente triviales, y complejo es hablar de una visión distorsionada de la diversidad porque el problema no es que esta se reconozca, el problema es que en vez de propiciar un proceso antropológico de inculturación donde se logren consensos importantes entre diferentes grupos de personas se imponga a rajatabla una agenda a través de esquemas inquisitorios que terminan transgrediendo las libertades individuales básicas.

Si de concientizar sobre discriminación se trata, habría que cuestionarnos por qué no se invita a países como Qatar a revisar qué tanta armonía tienen sus leyes para proteger a sus ciudadanos en su vida personal y reservando cuestiones morales a esa esfera, ya que hay penas físicas para los homosexuales en ese país, pues no deja de ser inquietante cómo a Occidente se le busca someter a la ideología LGBT+ y en Medio Oriente se ignoran verdaderas injusticias.

El autoritarismo de alguna vertiente debe ser señalado como lo fue el de Ortega al encarcelar opositores en Nicaragua por parte de Obrador, quien dijo que “no debe de haber represión en ninguna parte, ni en Nicaragua ni en Colombia, ni en ningún país del mundo se debe optar por la fuerza”, los bloques geopolíticos cada vez confrontan a la izquierda contra la derecha tal y como se observó esta semana al derivar en atentado contra el presidente de Colombia, Iván Duque, y la izquierda misma suele tener escisiones de retroalimentación como la mencionada de AMLO frente a Daniel Ortega, o la autocorrección de Fernández por su dicho de que “los mexicanos salieron de los indios” y “los brasileños salieron de la selva”.

Si algo debemos hacer todos sea cual sea nuestra situación personal es rectificar, de hecho a quien más se le debe de reconocer un acto de rectificación es a un adversario, sólo así se puede ganar en una nueva narrativa que no sobrevenda la entrega de dádivas de todo tipo y no malbarate el respeto que todos por antonomasia nos merecemos.

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