Juicios de valor y/o con valor

Cuando escuchamos la palabra “juicio”, lo primero que nos imaginamos es un tribunal y una sentencia que de entrada nos produce miedo, y hablar de valor no nos da para la columna de un solo día, tal es el caso de este espacio donde tratamos de abarcar en la medida de lo posible todo lo que a valor se refiera en aspectos específicos pero de forma integral
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@ManuelRodea

¿Emites con valor o ‘te vale’?, ¿opiniones, recomendaciones, exhortaciones…?, claro está que cada vez se le tiene más miedo al desacuerdo por una paradójica cuestión que al filósofo Karl Popper le hubiera hecho romperse la cabeza: la intolerancia de los que más piden tolerancia.

valor actual XVII-minValor progresivo vs valor decreciente

¿A qué me refiero?, conforme cambia el pensamiento colectivo se tiene una tendencia cada vez más preocupante a hacer énfasis en decir la verdad sin que hiera o incluso si no es posible hacerlo omitirla o intentar cambiarla, ¿y por qué pasa esto?, por la sencilla razón de que cada vez es más factible la comunicación cotidiana de un punto del globo terráqueo a otro con sus respectivos tiempos tendientes a lo inmediato.

Y es que ya no iríamos hacia una cuestión epistemológica de la comunicación sino también a una inevitable vertiente axiológica de la misma: terminamos necesitando por lo menos del conocimiento de lo que es un juicio de valor. Preciso es explicarlo desde el principio: cuando escuchamos la palabra “juicio”, lo primero que nos imaginamos es un tribunal y una sentencia que de entrada nos produce miedo, y hablar de valor no nos da para la columna de un solo día, tal es el caso de este espacio donde tratamos de abarcar en la medida de lo posible todo lo que a valor se refiera en aspectos específicos pero de forma integral.

De entrada, la definición preliminar de la RAE habla que en si el elemento principal del juicio es la facultad por la que el ser humano puede distinguir el bien y la verdad, y si por juicio de valor entendemos la búsqueda de calificar un hecho o un acto buscando el bien, no tendría por qué pensarse como algo malo, y es que virtudes como la piedad malentendidas nos hacen creer equivocadamente que no debe o incluso amerita que se prohíba emitir juicios de valor.

Nos vemos envueltos en una contradicción cuando los hechos se presentan y existe cierta coerción social hacia la evaluación de la realidad: las iglesias que se incendiaron en Canadá son el resultado de un hallazgo que aún está incompleto y por ende no esclarecido, solamente está la sospecha de que la Iglesia católica es responsable de las muertes de algunos niños de etnia amerindia y para dar con lo que pasó es preciso indagar en la historia y encontrar el papel del gobierno canadiense antes, durante y después de que esto ocurrió para entonces fincar responsabilidades de manera imparcial y justa.

Por ello es un tanto incongruente decir que se juzgan diferencias sociales mientras que por lo menos se hace apología a la hostilidad para combatirlas, tan es así que se recicló y adaptó el meme clásico de que “la única iglesia que ilumina es la que arde”, y así es como se ponen candentes las cosas en redes sociales y cada vez que se habla de polémica se piensa en que a veces buscamos “ver al mundo arder”.

Y es algo alarmante advertir que no hay mucha diferencia entre el sentido figurado y la realidad, pues para nada pasó desapercibido el incidente en la plataforma Ku Sierra en litorales de Campeche, esa explosión que desencadenó un colosal incendio enmedio del océano y que infundía cierto miedo en los videos que pudimos ver circulando en redes sociales.

El fuego se pudo ver como consecuencia de la negligencia y no por primera vez de tres años para acá porque a nadie se le ha olvidado el accidente en Tlahuelilpan donde varias personas murieron calcinadas, y en un mundo en el que podemos tuitear a nuestro antojo sobe lo que sea, no faltó el tweet que decía que “es culpa del capitalismo” cuando PEMEX es una empresa paraestatal que no ha dejado de serlo y que sigue en la mira del gobierno actual ante esa búsqueda empedernida de dar marcha atrás a la reforma energética que justamente fue pensada para que el sector privado le infundiera eficiencia mediante la participación de capital mixto.

Y aún así no pasaría desapercibido el convivio del día anterior, esa celebración que conmemora “el triunfo de la democracia” para muchos y que hizo contrastar los abucheos a Mario Delgado mientras se escuchaban gritos encumbrando a Claudia Sheinbaum como “¡presidenta, presidenta!”, quizás porque al fin logró que la directora del metro abandonara un cargo para el que no daba el ancho.

Lo cierto es que debemos revisar qué tan fundada o vacía es la narrativa a la que contribuye esa forma de festejar y esos intentos de balancear la justicia con la confianza, pues en el marco de la preparación para las consultas que determinarán si se juzga o no a los expresidentes, un líder local salió a decir que le gustaría ver a un exgobernador panista en un proceso, pero igualmente fue encarado y respondió con evasivas cuando se le cuestionó si ese mismo ejercicio se podría hacer con morenistas que incurran en ilícitos, pensemos por ejemplo en el mismo presidente de la república o algunas otras personas que estuvieron en ese festejo del tercer aniversario.

A todo esto y ante ese prurito que nos causan “las verdades ofensivas”, no debiera ser para nosotros el precepto de “no juzgar” un elemento de censura o autocensura, antes bien, que sirva de retroalimentación para juzgar con justo juicio discerniendo lo real de lo aparente (Jn. 7,24), y eso nos ahorraría jornadas innecesarias de participación ciudadana que no corresponde a la elección popular.

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