Valor en juego // Columna #ValorActual de Juan Manuel Rodea

La pregunta que muchos nos hacemos es cómo parar el juego o cambiarlo cuando estamos perdiendo más de lo que podríamos estar ganando equitativamente
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@ManuelRodea

¿Juegas con valor o ‘te vale’?, muy a propósito de lo extremo que puede llegar a ser un juego y los sacrificios que implica y una forma extremadamente ruda se vio en el fenómeno de esa serie que se puso de moda y de la que aún no se deja de hablar: El juego del calamar.

Esta producción coreana –específicamente surcoreana– de Netflix no es la primera ni la única y desafortunadamente no pinta para ser la última en la que la violencia y la muerte sean las últimas consecuencias cuando de conseguir algo se trata, y en este caso asombra que los personajes deciden jugarse la propia vida aún a reserva de perderla a cambio de dinero que no tienen para llevar a cabo un estilo de vida incosteable.

Así pues y sin muchos spoilers ni el afán de recomendar o desaconsejar la serie he de argumentar que no deja ver una crítica del sistema económico de Corea del Sur –habría que ver sus datos macroeconómicos– sino de la falta de responsabilidad llevada a niveles catastróficos por parte de una cultura de deuda personal extrema que combinada con una cruda rudeza desencadenan en una conducción atroz de las personas involucradas.

Es preocupante cómo estos esquemas se vuelven pegajosos al grado de que los clichés generados se tornan difíciles de ignorar en la conversación cotidiana y los memes que ve gente de todas las edades, al grado de que una familia se viralizó por organizar a su hija pequeña una fiesta temática alusiva a los juegos del calamar, hecho que generó opiniones diversas y entre dichas opiniones estuvo presente la crítica por tratarse de programación que por su trama y escenas violentas no es para niños y por ende no es precisamente apropiada para una temática infantil.

A fin de cuentas, desde la moral o la psicología se tornan desaconsejables algunas atracciones con características más o menos dañinas, o a quienes participen de estas se les requerirá al menos un criterio formado, pero de eso a que estas diversiones sean utilizadas directamente para reclutar adeptos hacia actividades criminales como lo sugirió el presidente en la mañanera hay un abismo de diferencia, especialmente por la politización intrínseca de hablar de eso en ruedas de prensa del gobierno.

No es la primera vez que se muestra de material de este tipo en ese espacio ocurre y en el supuesto de que sea posible ese hecho no se están realizando investigaciones y operativos para detener a criminales implicados, pero se sigue mandando el mensaje de que es responsabilidad del gobierno dirigir la opinión pública mediante la tendencia número uno en Twitter de “Nintendo” mientras verdaderos problemas pasan desapercibidos.

valor actual XVI-minSobre control y valor

El juego de la popularidad es uno de los más básicos en política, y al parecer es el prioritario para López Obrador en su gestión desde antes de comenzarla y la continuidad se vio esta semana con su crítica a la UNAM y se refrendó con su visita a Guerrero para respaldar a la gobernadora Evelyn Salgado, desprestigiando el pensamiento diferente con la primera acción y presumiendo aprobación total con la segunda para cerrar la pinza.

La pregunta que muchos nos hacemos es cómo parar el juego o cambiarlo cuando estamos perdiendo más de lo que podríamos estar ganando equitativamente, y la respuesta va en función de lo que la gente espera recibir: está dispuesta a aceptar rivalidades constantes o cordialidad completa si se los dice alguien que empatiza con su vulnerabilidad, y si no preguntémosle a Mariana Rodríguez que esta vez se cortó el cabello para solidarizarse con los niños con cáncer.

No se trata de que nos volvamos demagogos queriendo imitar al gobernador de Nuevo León y su esposa, se trata de ver qué están haciendo ellos para ser aceptados como personas más buenas que capaces sin caer en el error de la polarización con la que la 4T sigue restando eficiencia a todo proyecto que encabeza, o sea que se necesita una oposición más propositiva que reactiva para aspirar a un gobierno que lo sea.

Y las propuestas política y económicamente rentables se fundamentan en la búsqueda de orden y principios, son a fin de cuentas los que nos salvarían en el juego de la supervivencia salvaje que suponen los extremos ideológicos y que los críticos ven en la televisión aunque el propósito y el mensaje sea diferente.

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