Bases del valor // Columna #ValorActual de Juan Manuel Rodea

Ha llegado ese periodo que en México se conoce como el “maratón Guadalupe-Reyes”...
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@ManuelRodea

¿Fundamentas el valor o ‘te vale’?, a propósito de la temporada de diciembre, ha llegado ese periodo que en México se conoce como el “maratón Guadalupe-Reyes” y que habla de los días de fiesta comprendidos entre la celebración del 12 de diciembre y la del 6 de enero del año siguiente, abarcando la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, las posadas, Navidad, Año Nuevo y el día de reyes.

Se sabe que son fiestas surgidas del catolicismo y tienen su respectivo significado, el símbolo que les engloba de forma general es el árbol de Navidad, que según la tradición data de la evangelización durante la alta edad media, cuando el cristianismo comenzaba a ser predicado entre las tribus germánicas y San Bonifacio evita un sacrificio humano que iba a ser realizado en honor de un dios pagano frente a un abeto, ordenó cortar el árbol y de forma milagrosa surgió un retoño del mismo justo después de ser derribado.

Este acontecimiento sucedió justamente una Navidad y fue aprovechado por el obispo para enseñar a los presentes sobre el significado del nacimiento de Jesús y la conversión, les explicó que así como ese árbol era cortado y surgía un renuevo a partir del mismo el hombre está llamado a dejar morir la imperfección de su persona para iniciar una vida nueva de compromiso para alcanzar la santidad.

De este modo, la labor de difusión de la fe cristiana se lleva a cabo de un modo especial conocido como inculturación, que no es otra cosa que llevar el mensaje del Evangelio hacia cada cultura para que esta pueda acogerla desde su realidad.

Los gobiernos en México, Latinoamérica y otras latitudes reconocen la importancia de dar espacio a los pueblos para estas celebraciones y por ello a pesar de existir un Estado laico se ha permitido en algunos recintos de gobierno la instalación de árboles de Navidad o incluso los llamados belenes, pesebres o nacimientos que representan el acontecimiento del nacimiento de Cristo en Belén de Judá.

La semana pasada, la mayoría morenista en el senado de la república se unió a la celebración a su manera: dispuso una especie de adorno con forma de pirámide con una escarcha que yendo de arriba a abajo muestra en la punta inferior una cabeza del dios azteca Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.

El adorno fue presentado como un “árbol prehispánico de Navidad”, cosa que no puede ser porque la Navidad es una celebración cristiana que si bien casi coincide en fechas con las saturnalias de los romanos y la adoración al nuevo sol de los pueblos germánicos tiene un significado único y atiende el proceso de inculturación que implica a pesar de la adaptación la firmeza y pureza del significado cristiano.

No se tiene evidencia documental de registro de que el nacimiento de Jesús de Nazaret haya sido en el mes de diciembre del calendario occidental e incluso algunas teorías rabínicas apuntan a que se esperaría que el mesías naciera durante otras festividades judías como el Sukkot, pero existe también la teoría de que la Iglesia hizo la estimación a partir de la fiesta primitiva de la anunciación, además de que la Navidad cristiana también es cercana a la fiesta judía del Hanukah que es la fiesta de las luces (conmemora el rescate del Templo de los judíos por parte de los macabeos que había sido capturado por los invasores griegos).

El caso es que las intenciones de la mayoría en el senado parecen no coincidir con un acto de inculturación sino de algo opuesto, un sincretismo forzado que pareciera que busca desplazar una importante raíz cultural en la idiosincrasia nacional, razón por la que el acto si es digno de una llamada de atención o por lo menos la justa crítica.

En cuestiones regionales iríamos a algo menos distorsionado pero igualmente criticable: en el centro del país se pensó que estuviera el árbol de Navidad más alto de América Latina, mismo que cuando fue inaugurado no encendió la luminaria en su totalidad y que amaneció con la punta deformada al día siguiente.

¿Se debió a la falta de calidad en la instalación del adorno la aparición de esos desperfectos?, se llevan a cabo las maniobras para corregir el problema pero eso da a pensar sobre la falta de calidad que pudieran tener las obras públicas en el estado donde esto ocurrió cuyo gobierno tiene por lo menos una relación sólida y estrecha aunque no directa con el oficialismo federal.

Las obras públicas son un tema delicado y que implica transparencia por parte de todos los niveles de gobierno, comenzando por el ejecutivo, por eso cuando asistió a la ceremonia donde fuera galardonado en los Premios Nacionales de Ingeniería y Arquitectura 2020 el presidente de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, Ricardo Rodríguez Romero, quien llamó al presidente a respetar la transparencia de sus obras emblemáticas, esas que dieron lugar al “decretazo” con el que busca ocultar información bajo el velo de la “seguridad nacional”, así nadie sospecharía de montajes como el de la filmación del trayecto en tren hacia el aeropuerto en construcción en la antigua pista de Santa Lucía.

Regresando al clima de celebración y de concordia de estas fechas, dejemos de pensar en la confrontación afin a la temporada de sacrificios humanos y otros excesos representados en deidades como Saturno, Yggdrasil, Coatlicue o Quetzalcoatl, antes bien, por lo menos en el aspecto cultural reconciliémonos con el mensaje de esperanza y concordia que encierra el milagro guadalupano para cerrar en son de paz el año que termina e iniciar con nuevas oportunidades el año venidero.

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