Valor con/sin repunte // Columna #ValorActual de Juan Manuel Rodea

¿Será 2022 un año mejor o peor que los anteriores? –especialmente los dos anteriores–, nadie puede asegurarlo, solamente podríamos tener la certeza de que en muchos sentidos será un año simplemente diferente...
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@ManuelRodea

¿Subes el valor o ‘te vale’?, a propósito del inicio de año y las temporadas que terminan e inician queda ante nuestros ojos algo que concierne al tiempo económicamente hablando y en otros aspectos: las subidas y bajadas aunque se deban a muchos factores tienen también un componente cíclico.

De este modo, quienes trabajan en giros como el comercio, banquetes, la hotelería y otros servicios vieron el mes pasado un aumento del flujo de trabajo, quizás el más frenético del año debido a las fiestas. Esto representa un flujo de ingresos alto del que sigue el fin de las fiestas –el famoso “maratón Guadalupe-reyes”– y una desaceleración del flujo de trabajo y con ende de los ingresos, una resaca para los bolsillos que es bien conocida como la “cuesta de enero”.

Enero se convierte por ende en el periodo del año con menos dinero, para los deudores más empedernidos supone tomar la Smart TV comprada a meses sin intereses durante el buen fin y correr a empeñarla para terminar de pagar la cena de Navidad y los regalos de reyes, y parafraseando a Sofía Macías, autora del libro Pequeño cerdo capitalista, los bancos y otras instituciones de préstamos no son responsables de los montos de deuda que contraemos, hay que añadir que solamente se limitan a garantizar que les paguemos y a cubrir los intereses y otros ingresos que tienen debido a la deuda contraída con ellos.

El pasado diciembre debió de ser aviso para los menos previsores de la necesidad de poner en los primeros lugares de la lista de propósitos de año nuevo el compromiso a elaborar un presupuesto de ingresos y gastos, esto con la finalidad de no quemar todo el aguinaldo en los gastos de la temporada y en cambio guardar por lo menos una parte para su uso en el primer trimestre del año, es decir de enero a marzo.

Un presupuesto de ingresos y gastos no debiera limitarse únicamente al primer mes del año porque no sabemos cómo vaya a ser de próspero –o adverso– el año que recién comienza, y tal fue el caso de 2020, justo en su primer trimestre: a mitad de marzo se estaba anunciando en muchos países el inicio de una larga cuarentena que parece no haber terminado aún y que va para largo, dentro de todo la mutación del virus parece estarlo haciendo más benigno a partir de la variante Ómicron y podríamos estar terminando la pandemia antes de lo que pensamos, pero no podemos basar nuestras expectativas en escenarios que ni los epidemiólogos han garantizado.

Cosa de seguirnos cuidando sin caer en la paranoia sanitaria, tratar de hacer una vida normal en la medida de lo posible y eso implica extender nuestra productividad profesional tanto como se pueda para exprimir al máximo nuestra capacidad para generar ingresos, cuanto más gente lo haga más dinámica será la economía en la medida de que consumamos más bienes y servicios que otros producen para subsistir.

¿Entonces hemos de gastar de forma descontrolada si las cosas salen bien?, ¡de ninguna manera!, ese es el principal error del planteamiento keynesiano del multiplicador de ingresos, pues no solamente se trata de consumir con todo el dinero que tenemos y encima gastar lo que no hemos ganado aún, antes bien, el ahorro debe ser una consideración obligada para mantener un patrón de gasto sano en los bienes de valor mayor a los que consumiríamos periódicamente –automóviles, bienes raíces, electrodomésticos, artículos de lujo, etc–.

Ahora bien, además de los factores naturales que encarecen nuestra vida en el transcurso de los ciclos económicos hemos de advertir los errores e incluso el dolo en las políticas públicas: a nivel nacional ha de advertirse que año con año hay una miscelánea fiscal que trae cambios significativos en materia tributaria, y si bien artículos de consumo como los alimentos para mascotas y los artículos de higiene personal femenina ven reducida su carga fiscal, no solamente se incrementan las tarifas de los pasaportes y la entrada a los museos que son gastos más ocasionales sino que artículos de uso más cotidiano como los refrescos e incluso la gasolina tendrán aumentos en la carga impositiva.

Nadie niega el hecho de que es preferible que refrescos, cigarros y otros bienes de consumo menos dañinos se mantengan no sólo fuera sino lejos de la canasta básica, pero definitivamente tampoco deja de ser arbitraria la medida de sacarlos del consumo aumentando los impuestos por su impacto en la cadena de valor, ya que hay industrias relacionadas con la venta de estos bienes como el sector restaurantero y el hotelero.

Además, la medida se justifica como “actualización por inflación”, ¿o sea que si aumentan los precios de forma natural deben aumentar los ingresos de la federación?, ahí es donde viene el engaño: los impuestos no alivian los procesos de alza de precios sino que los agudizan y pretender justificar los aumentos tributarios con la inflación es emitir un relato opuesto a la verdad sobre el asunto, especialmente cuando estos aumentos a los impuestos afectan a un bien que incide directamente en la cadena general de costos como la gasolina, y esto lo sabe el sector privado.

valor actual XIII-minEl recuento del valor

¿Será 2022 un año mejor o peor que los anteriores? –especialmente los dos anteriores–, nadie puede asegurarlo, solamente podríamos tener la certeza de que en muchos sentidos será un año simplemente diferente, si es mejor o peor depende en gran medida de nosotros mismos al derivarse de las decisiones que tomemos, y en lo que concierne a lo que no depende directamente de nosotros –como una cuesta de enero con inflación y más impuestos por declarar– lo mejor que podemos hacer es seguir informados y atender de entre todas las narrativas existentes a la más sensata y fiel a la verdad.

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