Paradojas de la valoración

Valor actual - Juan Manuel Rodea 19 de octubre de 2020 Por Juan Manuel Rodea
Es un asunto tan extenso que amerita más preguntas, la principal tiene que ver con la dirección y el fin último de la valoración: ¿hacia el dinero?, ¿hacia una cosa?, ¿un evento o un hecho histórico?, ¿un lugar?, ¿una persona o personas?, ¿nuevamente el dinero?...
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¿Conoces el valor o ‘te vale’?, la semana pasada detallamos un poco más en qué consiste la problemática que supone dar valor, solamente que es un asunto tan extenso que amerita más preguntas, la principal tiene que ver con la dirección y el fin último de la valoración: ¿hacia el dinero?, ¿hacia una cosa?, ¿un evento o un hecho histórico?, ¿un lugar?, ¿una persona o personas?, ¿nuevamente el dinero?..., y así se nos va la vida pensando en qué o quién tiene más valor como para sacrificar algo que poseemos con tal de obtener un bien mayor, este juego lo tenemos que jugar todos los días cuando tomamos decisiones, desde las más –aparentemente– insignificantes hasta las más importantes y que suelen hacernos sentir fuertemente angustiados ante nuestra elección final, misma que por lo regular solemos tomar en libertad, sea esta total y completa o condicionada.

 Hay circunstancias que no podemos elegir como es el caso de esta pandemia declarada que ha abarcado más de medio año y a raíz de la cuál ha habido un confinamiento generalizado y una suspensión de un buen número de actividades que parecen igualmente interminables, igualmente hay resultados que no podemos tampoco evitar como lo ha sido la resultante recesión que se pudo cuantificar en una caída del 17.3% en la producción respecto al trimestre anterior y la consecuente pérdida de empleos e incluso la quiebra de no pocos negocios.

 Sobre lo que tenemos, hay cosas que no cambian como nuestras capacidades para trabajar y que pueden no haber cambiado sustancialmente con el paso del tiempo aun hablando de dos generaciones o más, y sin embargo para algunos de quienes comienzan a formar su patrimonio pareciera que es tan creciente el costo de vida que les resulta más difícil adquirir bienes inmuebles u otros de naturaleza patrimonial. Los salarios aumentan poco y casi todos los precios suelen elevarse de forma progresiva, derivando ello en una paradoja de costos de vida crecientes frente a una capacidad adquisitiva decreciente.

 Hace ya bastantes años que esto se visualizó desde el estancamiento y la impotencia y llevó a considerar que el trabajo duro, cotidiano y monótono en sí mismo era uno de los únicos componentes que daban valor a las cosas, sin tomar en cuenta que los cambios circunstanciales nos hacen cambiar de expectativas al valorar lo que compramos y un claro ejemplo lo encontré justo este fin de semana al ver una gran oferta poco usual: esa cerveza de 1.8% de contenido de alcohol que fue pensada para sustituir las de graduación común – un volumen de alrededor de 4.5%–, de costar 11.50 pesos la lata, se remata en un centro comercial a tan solo 6.15, es decir, en aproximadamente 6 meses 46.52% menos que cuando jugaba el papel de producto sustituto de la cerveza de consumo habitual –cuya venta había sido suspendida las primeras semanas de la cuarentena– y en términos de interés nominal anual supondría una caída del 93.04%: en términos de valor del dinero en el tiempo puede interpretarse como la suposición de que este producto siguiera existiendo por periodo de un año o más desde que salió al mercado y siguiera cayendo el precio de forma similar y sostenida (¡para ubicarse en 80 centavos!). Para bien o para mal esta cerveza fue poco consumida y los excedentes que requieren que se remate –aún si el importe a la venta llegara a alcanzar el costo de la lata o incluso ser inferior– son la evidencia de ello, y una muy mala decisión habría sido intentar hacer negocio con ello, es decir, que cuando estaban más baratas alguien haya comprado muchas para revenderlas más caras si agotaban existencias.

 Así pasa con el valor no solamente de lo que consumimos sino incluso de los bienes que son objeto de inversión entre otros usos, lo que nos debe llevar a pensar en un sensato conocimiento de las circunstancias, mismas en las que hay por lo menos tres criterios que de momento no podemos dejar de lado: el tiempo, los seres humanos y la vida con la que cuentan, ¿cuál es el resultado de esa interacción en nuestro proceso de decidir?, es evidente que nuestra visión respecto al tiempo nos ayuda a evaluar la conveniencia de adquirir un bien o renunciar a él, y eso nos hace caer en la cuenta que lo que de verdad no nos estamos cuestionando –y que realmente deberíamos– es sobre el fin último del o los bienes en cuestión.

Valor ActualValor Actual - Presentación de la Columna de Juan Manuel Rodea

 

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