La eminente Dignidad de la Persona Humana y la defensa de la vida.

Pacto Humanista - Jo Valdés 15 de diciembre de 2020 Por María José Valdés
Imposible hablar de la construcción del Bien Común, de la justicia y la solidaridad si no priorizamos en el ejercicio de la política el eminente respeto a la Dignidad de la Persona.
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La cultura del descarte ha hecho asumir en la sociedad dos grandes mentiras; la primera nos habla de que la persona es desechable mientras no cumpla fines económicos, políticos y sociales, olvidando que la persona es un fin en si misma y a deshumanizar ciertas etapas humanas como la del ser humano en gestación o los adultos mayores, bajo la eliminación sistemática de los más vulnerables.
 
Bauman, filósofo británico, decía que "Nuestra sociedad ha hecho de la desafección una parte obligatoria de las ocupaciones vitales" como el fin de la era del compromiso mutuo, a tal grado que hemos moralizado y normalizado como algo desechable a la vida misma y en nombre del progreso se ha pasado por encima de la dignidad humana. 


“Se atenta contra la dignidad de la persona humana al sostener, que los derechos humanos y su propia dignidad son objeto de negociación o que están al vaivén de la opinión pública. “


Retomando la verdad en que el ser humano es un fin en sí mismo, no podemos descartar que su dignidad también lo es. Pero ¿En qué momento se entiende a un ser humano digno y como persona? Un tema que ha llevado a las grandes naciones a polarizarse, una discusión necesaria y sobre todo, el eje central de la sociedad misma. 
 
La dignidad de la persona está adherida desde su origen en el momento de su concepción por el orden biológico natural de los sucesos; no se puede entender a un ser humano como persona sino se reconoce también su primer momento de vida, que gracias a la ciencia, es desde que el gameto masculino y fememino, espermatozoide y óvulo, se funden y multiplican.
 
Con esto afirmo que la dignidad de la persona debe ser reconocida por los que aspiramos al servicio desde la política como el eje central, sin excepciones, desde el momento de su concepción y haciéndolo amplio en asegurar y procurar que la vida de la persona en todas sus etapas sea digna.
 
Si bien el reconocimiento de la dignidad humana en su periodo embrionario y fetal es prioritario, es necesario no olvidar y hacer especial énfasis que posterior al nacimiento esa persona debe encontrar las condiciones óptimas para desarrollarse en una sociedad justa y que le permita vivir en condiciones dignas. Y ahí es donde aplicamos los principios previamente escritos de la subsidiareidad y el Bien Común.


El manifestarse abiertamente pro-vida no es únicamente su defensa en el vientre materno es también comprenderlo desde la dimensión pro-dignidad, postura que debe ser defendida energéticamente en que nada justifica promover el desarrollo social a costa de la exclusión de los mas vulnerables.

 
“Toda ideología, sistema o práctica social que despersonalice al ser humano pretendiendo convertirlo en simple objeto, es negarle su carácter de sujeto libre y responsable, es contraria a la dignidad de la persona humana.”
 

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