El recuento del valor

¿Acaso llegas con la misma cantidad de dinero en tu billetera antes de ir al cajero que después de retirarlo?, ¿o es la misma cantidad antes que después de ir de compras?, y qué decir del calendario nuevo de la carnicería o la panadería que más frecuentas, ¿es el mismo que el del año pasado?
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@ManuelRodea

¿Revisas el valor o ‘te vale’?, ¿acaso llegas con la misma cantidad de dinero en tu billetera antes de ir al cajero que después de retirarlo?, ¿o es la misma cantidad antes que después de ir de compras?, y qué decir del calendario nuevo de la carnicería o la panadería que más frecuentas, ¿es el mismo que el del año pasado? (además de que quizás te trajeron a domicilio tu pedido debido a la cuarentena y que muchos establecimientos tienen que operar a puerta cerrada aún).

Mi padre –sin ser economista– es de los que afirma convencido que “el dinero va y viene” y equivocado no está por la razón de que se tiene más cuando este entra a nuestros bolsillos y se tiene menos cuando sale y es un ciclo que se repite, es lo más normal que puede haber.

Y de la misma forma que con el río de Heráclito, en el que no es el agua lo que hace que un río cambie porque no deja de estar compuesta de lo mismo –hidrógeno y oxígeno (H2O)– sino el tiempo que estuvo fluyendo un torrente cambiante, lo realmente relevante respecto al dinero o cualquier otra propiedad o cualidad humana en cuanto a razón de aumento o disminución es el tiempo y sus respectivos ciclos.

Pensando en esto, algunas personas de cierta edad en adelante han escuchado cierta canción hasta más de treinta veces por estas fechas una alusión a un mismo lugar como la Puerta del Sol en Madrid y circunstancias similares como champagne, uvas y alquitrán, todo esto parte de una costumbre española que tiene ya más de un siglo y que por alguna razón fue copiada en Latinoamérica sin nexo alguno con la espiritualidad católica que se heredó de la conquista.

Escuchar a esa canción decir año tras año que “como el año que fue” están “de alfombra” –es decir, de fiesta– todos esos mismos elementos hace pensar en una repetición que si no fuera porque nos hemos detenido a explicar en qué consisten los ciclos nos haría confundir el hecho de que hay cosas que no cambian desde siempre o a partir de cierto momento con una ausencia total y absoluta de cambio, este mismo ejemplo lo hace evidente porque por lo menos 363 días al año no estamos involucrados en una noche de celebración igual.

A propósito de la playlist, este hecho de los ciclos trasciende idiomas, también resulta familiar desde hace unas tres décadas una melodía con intro de sintetizador y una firme declaración en primera persona y en plural: “nos vamos juntos, pero aún es despedida”, y en adelante habla de la espera de una partida y una cuenta regresiva, una cuenta final…, es un elemento en común con la cuenta atrás para la que la otra canción anuncia un plazo de cinco minutos.

Y a todo esto del término de los años en el arte y otras expresiones, la segunda canción me deja con una pregunta sobre la que vale la pena profundizar: “will things ever be the same again?” (¿serán las cosas siempre iguales otra vez?). ¿Y por qué esta pregunta en lo personal me cae como balde de agua fría?, estoy seguro que no seré el primero y explicaré por qué: soy de las personas para las que representa realmente un conflicto escuchar las palabras “nueva normalidad”.

Cada vez es más frecuente escuchar ese término que aunque parece simple encierra cierta incertidumbre, pues creo que bastantes personas se preguntan al oírlo a qué se refiere, qué es normal, qué no es normal y si es bueno o malo que las cosas “vuelvan a ser como antes” de la pandemia, o bien, que sean completamente diferentes después de esta tanto para bien como para mal.

Las coyunturas históricas siempre impactan en la vida de las personas, una de las etapas más tensas de la historia contemporánea después de las dos brutales guerras que le antecedieron es aquel periodo conocido como “la guerra fría” y que terminó con la disolución de la URSS y la caída del muro de Berlín, etapa que también quedó plasmada en otra canción que se suele escuchar desde esa misma década en que ocurrió, los 80. Los vientos de cambio que se esperaban desde años antes vieron el fin de la angustiante amenaza de una guerra entre el bloque conformado con el pacto de Varsovia y el constituido por la OTAN, hecho que trajo a su vez nuevos retos y cuyos resultados no han terminado de implicar acciones al día de hoy en busca de la libertad y la justicia.

Si nada permanece es lógico que el futuro siempre vaya a tener características propias, sólo que en vez de conducir la incertidumbre del año que comienza hacia la angustia sobre lo que no está en nuestras manos cambiar, es preciso respirar tranquilamente y caminar con la frente en alto decididos a rectificar lo que no hayamos hecho como quisiéramos o debiéramos y echar mano de lo que aprendimos en este año que se va para colaborar por el bien común en el año que inicia.

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