La ruptura del valor

¿Qué moraleja hay sobre los gobiernos y los mercados con respecto a las guerras?, hay infinidad de discursos donde se culpa a uno u otro agente, pero, ¿qué hay en ello de cierto?
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@ManuelRodea

¿Cuidas al valor o ‘te vale’?, ¿qué es lo menos que debes hacer cuando está a tu cargo un frágil y costoso jarrón para evitar que se rompa?, básicamente tu función durante los cinco minutos o dos horas que estés vigilando esa pieza lo que tienes qué hacer es no romper el jarrón y no dejar que lo rompan, así de frágil y valiosa puede ser una noble encomienda, y la responsabilidad que implica mantener la paz en el ámbito internacional hace que esta analogía se quede corta y por mucho.

Así pues, el periodo presidencial en Estados Unidos es de 4 años con posibilidad de reelegirse una vez, es decir, la duración efectiva es entre 4 y 8 años; y es que apenas un mes ha transcurrido de que Joe Biden asumiera el cargo como presidente de ese país para que iniciara la primera actividad bélica de su mandato, que fue el ataque aéreo de estructuras militares en Siria.

Antes que otra cosa he de advertir que hemos de ser objetivos e imparciales o por lo menos intentarlo, es decir, puede ser prematuro hablar formalmente de una guerra, pero en lo que va de la historia de este país la política de las armas ha sido una constante de la que no se puede dejar de hablar.

Fuera del expertise de quienes están de lleno en la geopolítica y las relaciones internacionales, la gente de a pie tiene solamente acceso a la información que sobre eventos como estos proporciona la prensa internacional, de este modo sobre el avance del asunto se sabe que el gobierno sirio afirmó que “habrá consecuencias” tras el bombardeo estadounidense y por su parte Biden hizo extensivas las intenciones de su gobierno de advertir también al gobierno iraní que “tengan cuidado”.

El Medio Oriente ha sido desde siempre una zona caracterizada como causa de conflictos de intereses, a diferencia de las tropas de Alejandro Magno, las legiones romanas se quedaron con ganas de avanzar más allá de la zona al no poder conquistar a los partos, y poco después de que el imperio se desintegró y con ayuda del cristianismo oriental logró mantenerse en pie lo que quedaba de él con el imperio bizantino, surgió el islam; árabes y turcos en su respectivo momento contribuyeron a la formación del bloque que conocemos actualmente en esa basta región y aunque el origen de esta hegemonía es religioso, las cruzadas como respuesta de los cristianos occidentales ante el totalitarismo musulmán tenían además de la misión de brindar protección a los peregrinos que viajaban a la Tierra Santa para las tres religiones abrahámicas principales la consigna de garantizar el tránsito de las caravanas de comerciantes en la zona.

Y de la misma forma que el cristianismo ha experimentado grandes cismas, en el islam también se destaca principalmente el grupo chiíta y el suní, coyuntura que desde la guerra fría han sabido aprovechar tanto rusos como americanos, de ahí que Estados Unidos tenga más injerencia sobre la península arábiga que más al oriente donde en su momento la URSS había consolidado bases militares que la Federación Rusa aún conserva.

Donald Trump en su momento, aunque no es propiamente político de formación o carrera previa, como hombre de acuerdos supo comprender las estructuras geopolíticas de las regiones más hostiles y logró históricos acuerdos con gobiernos que no se hubiera esperado que tuviera un mandatario estadounidense, el Medio Oriente le requirió a principios de 2020 maniobras para buscar a un líder militar coludido con organizaciones terroristas, asunto que manejó “con pincitas” y salió bien librado al no pasar a mayores esta acción –es difícil no cuestionarse cómo este desempeño no ameritó ni siquiera la nominación al Nobel de la paz, premio que si se ganó su antecesor aún habiendo sostenido por un tiempo una intervención militar precisamente en Siria–. En el contexto de estos días mal hacemos alarmándonos, pero no podemos subestimar de ninguna forma el poderío militar ni de Estados Unidos ni de los países islámicos.

¿Qué moraleja hay sobre los gobiernos y los mercados con respecto a las guerras?, hay infinidad de discursos donde se culpa a uno u otro agente, pero, ¿qué hay en ello de cierto?, hagamos otro breve recuento histórico: la independencia de las trece colonias británicas de América del Norte dentro de sus ideales tenía incluida la visión de prosperidad para pequeños y grandes terratenientes y en principio eso hizo grande esa nación naciente, sólo que les fue tan bien que se les salió de las manos el gusto por adquirir propiedad territorial y tras heredar los vicios de rivalidad con el mundo hispano que padecía el imperio inglés, de haber comenzado una adquisición justa de propiedades a través de la compra y venta de terrenos se pasó a la política de las armas y a una hegemonía que resulta ofensiva para las ideas de libertad concebidas por la economía clásica.

valor actual VIII-minLa dispersión del valor y los retos de la libertad

Y es que las hegemonías han sido siempre criticadas por casi toda la gente sensata a lo largo de la historia, pero a su vez han existido siempre quienes se han puesto de su lado y las han buscado justificar, ahí se ve precisamente involucrado el trabajo de John Maynard Keynes que buscando alternativas en inversiones que pudieran ayudar nuevamente a producir y generar empleo terminó justificando la formación de regímenes de gobierno totalitarios al hablar de la función del Estado para conseguir un equilibrio general mediante la concentración del gasto público.

Por desgracia, en el aspecto bélico la propuesta keynesiana solamente vino a explicar por qué Estados Unidos se había descompuesto pasando de la prosperidad en el comercio a la hegemonía intervencionista: una guerra implica la producción de armamento, uniformes, infraestructura, compra de alimentos, medicinas, combustible, salarios de soldados, médicos, enfermeras y varias actividades que si bien son pagadas con el erario público, generan ingresos para cada una de estas industrias, o sea que no deja de ser negocio, pero obedece más a la colusión de mafias corporativas coordinadas con un gobierno autoritario que realmente a la diversidad de oportunidades para gente de buena voluntad.

Trump fue criticado en su política de comercio exterior porque siguió este patrón restrictivo de la economía que es más afín a la centralización que al libre mercado –aranceles, bloqueos comerciales, impuestos para las empresas importadoras de mano de obra y otras similares–, sólo que estas acciones las tomó desde el ámbito de los negocios como empresario de toda la vida que es, lo cuál supuso durante su gobierno una alternativa al stablishment basado precisamente en guerras con el auspicio de los capitales concentrados en Wall Street al servicio del Estado norteamericano.

He aquí la evidencia del retroceso de alternativas más afines a la paz y la libertad auténticas, esa ruptura que apenas comienza puede traer una factura difícil de pagar y a la cuál se le tendría que añadir el combate a una pandemia que de ningún modo ha terminado. Esos pactos que supone el Deep state y que adquieren una fuerza más aplastante al sumar el peso de los colectivos y la presión del pensamiento único progresista son los que deberían de preocuparnos incluso más que el compadrazgo que pueda tener el presidente de México con candidatos a puestos de elección popular de su partido, es deber de los partidos políticos y los gobiernos no incluir criminales entre sus miembros, pero el electorado mexicano debe de aprender de una buena vez que si no distingue las líneas hegemónicas en las estructuras de gobierno y se decide tajantemente por las opciones que estas líneas tienen más fuera del alcance, el precio que tendrá que pagar es el de la libertad y quizás la pérdida gradual del fruto de su trabajo de años.

Valor actual VI-minUna visión de valor

Muchos de los patrones totalitarios que actualmente hay en el sistema de nuestro país tienen su origen en los de nuestro vecino del norte, y otros tantos y de carácter más retorcido se han sumado poco a poco y proceden de hegemonías que rivalizan hasta hoy con Estados Unidos y cuyos resultados han sido más siniestros.

Es momento de aprender de los hechos y resanar las grietas que hay en la pared para evitar una gran ruptura, y hay que hacerlo antes de que sea demasiado tarde.

Promo-Facebook-Profile ImageJuan Manuel Rodea

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