Valor discontinuo

#8mCeleste En verdad debiera calar en lo más hondo la reflexión que justamente se hace de que la vida comienza siempre llorando y así llorando se acaba, puesto que las lágrimas no necesariamente pertenecen a quien nace, es concebido(a) o muere
valor actual XXIII-min

@ManuelRodea

¿Sigues en el valor o ‘te vale’?, si fuese tan sencillo como seguir una lista o revisar una serie de valores más o menos de un rango correspondiente como si de un activo de inversión se tratara, no sería tan difícil seguir criterios de asignación que cuesta cada vez más hacer.

Y es que las matemáticas incluso con sus tecnicismos nos llevan de los límites visuales al carácter infinito de los valores aritméticos, y siendo así, un valor que alcanza en el plano cartesiano esa característica, “se sale” de este y se vuelve imposible su representación.

La vida como bien supremo es un valor que respecto a cualquiera de los que conocemos de tipo material pierde punto de comparación, por ello es que muy apenas se puede apreciar a la par de la dignidad y la libertad con un carácter trascendente y si perdemos de vista el conjunto se queda corta esa apreciación.

La vida no se puede acotar a una dimensión ideológica, las reflexiones de carácter ontológico nos ofrecen diversas matices para comprender sus diferentes propiedades, pero son tan limitadas como la temporalidad misma de la vida humana en el plano del tiempo y el espacio, y ahí es donde la trascendencia nos mueve a concebirla en el plano axiológico como un bien de carácter no negociable.

¿Cuál es la implicación última de esto?, que ninguna vida puede tener valor sobre otra vida, de este modo, no vale más la vida de un rico que la de un pobre ni la del pobre más que la del rico, no vale más la vida de un hombre que la de una mujer ni la de la mujer más que la del hombre, no vale más la vida de un poderoso que la de un desconocido ni vale más la del desconocido que la del poderoso, no vale más la vida de alguien que ya nació que la de alguien que no ha nacido aún ni vale más la de quien no ha nacido aún que la de quien ya nació.

Así como –sin entrar en detalles teológicos– el reclamo negacionista de la existencia de Dios por parte de Nietzsche es de carácter retórico, artistas como José Alfredo Jiménez hicieron del lamento sobre el presuntamente poco valor de la vida un llamado a reflexionar qué estamos haciendo justamente para evitar infravalorarla, y en verdad debiera calar en lo más hondo la reflexión que justamente hace de que comienza siempre llorando y así llorando se acaba, puesto que las lágrimas no necesariamente pertenecen a quien nace, es concebido(a) o muere.

El 8 de marzo debe ser un repudio unánime a la violencia en el entendido de que toda vida vale, se podría pensar en que la mujer es más vulnerable que el hombre y por ello requiere el abrigo y la protección del varón, aunque lo importante no es quedarse en ello sino en hacer extensiva esa complementariedad buscando proteger al no nacido que es aún más vulnerable, de ahí que la dignificación de la vida deriva intrínsecamente en la dignificación de la mujer por antonomasia porque es biológicamente la depositaria de la vida misma.

Por eso es que este es un llamado a resignificar, el #8mCeleste es un llamado a apreciar la vida y apreciar la dignidad de la misma, a apreciar el cariño y respeto del hombre hacia la mujer, de la mujer hacia otras mujeres y de la mujer hacia quienes les concede la vida misma y el hombre que busca protegerla.

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