LO MEJOR ESTÁ POR VENIR

HumanizArte 01 de noviembre de 2020 Por Ana Matán
A pesar del nudo en la garganta y las lágrimas en las mejillas, celebramos con aquellos que ya gozan del cielo
Lo mejor está por venir 02-min
Lo mejor esta por venir

Ana Matán

El penúltimo mes del año regularmente lo iniciamos rodeados de flores, unas muy particulares que adornan múltiples altares de muertos, como parte de una tradición muy arraigada en nuestra nación. Sin embargo, en este 2020 el COVID ha hecho que para todos esta realidad sea muy diferente, no solo por la ausencia de flores sino por las reducidas visitas que se efectuarán a los panteones y lugares de velación, sitios donde hemos podido darles una digna despedida a nuestros seres queridos.

La pandemia del Coronavirus y diversas causas de muerte que siguen latentes como: el cáncer, la diabetes, enfermedades del corazón, etc. dejan en evidencia lo vulnerables que somos y lo valioso que es cada minuto de nuestra existencia.

Recordar es volver a vivir. Y es que cada uno de estos altares traen a nuestra memoria la vida de estas personas, cercanas o lejanas, pero que al final de cuentas ya no están aquí. Sin embargo, aunque la ausencia duele, hoy es un día de fiesta. Nos alegramos y regocijamos con quienes ya gozan de la felicidad eterna, de los premios celestiales. Nos alegramos porque en medio de la crisis y de un panorama poco alentador, Dios nos da la certeza de que combate con nosotros cada batalla y de que sigue llamando a hombres y mujeres a ser testigos de esperanza.

El Papa Francisco en la exhortación apostólica “Gaudete et Exultate”, escrita hace poco más de dos años, nos comparte un mensaje sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, mismo que sigue totalmente vigente. El Santo Padre nos recuerda que existen dos propuestas engañosas en este caminar: el gnosticismo y el pelagianismo. La primera como una herejía que nos hace creer que las personas valemos por el conocimiento que tenemos, la segunda como una ideología que más allá de considerar a la inteligencia como lo más valioso de la persona, ese peso se lo atribuye a la voluntad. Los pelagianos solo confían en sus fuerzas y se sienten superiores por cumplir ciertas normas. Sin embargo, sabemos que tanto la obsesión por cumplir reglas, como la manía por querer tener más conocimiento, no es lo que nos llevará a la felicidad sempiterna.

A diferencia de estas corrientes, la Iglesia nos sigue presentando el testimonio de grandes personas que por sus virtudes han sido reconocidas como venerables, tal es el caso de Antonio Gaudí, muchacho inquieto y muy inteligente, mejor conocido como el “arquitecto de Dios” por innumerables obras arquitectónicas, entre ellas la icónica Sagrada Familia de Barcelona; ¡ya es Siervo de Dios y va camino a los altares!. Y qué decir de Jerome Lejeune, médico próvida que descubrió que el síndrome de down era una alteración cromosómica, luego se empeñó en encontrar una cura pues era consciente de que “el grado de civilización se mide en el respeto a los más pequeños”. Pier Giorgio Frassati, Beato, es otra gran inspiración para los jóvenes deportistas, pues lograba ver en las montañas un reflejo del Creador; para este escalador las colinas eran un gimnasio de amistad y caridad. Y por supuesto el recién nombrado Beato, Carlo Acutis, cuyo proyecto de vida se enfocó en difundir los milagros eucarísticos y ayudar a los más necesitados.

Llegar a gozar de la corona celestial no es empresa fácil, pero en la misma Buena Nueva está contenida la receta para lograrlo: las bienaventuranzas; pues la voluntad de Dios es que sus hijos sean felices. Estemos atentos del ejemplo de tantas personas que a diario se esfuerzan en su trabajo, que comparten una sonrisa, que comunican esperanza, ellos son “santos de la puerta de al lado” pues como lo afirma el sucesor de San Pedro: “viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios”.

A pesar del nudo en la garganta y las lágrimas en las mejillas, celebramos con aquellos que ya gozan del cielo, de esa fiesta eterna que no tendrá final. Sea pues, éste, un homenaje a todos aquellos que se nos han adelantado en el camino, aquellos a quienes hemos podido decir adiós y aquellos que se fueron de manera repentina, ciertos todos de que esta despedida es un hasta pronto; y sirva también de reconocimiento para aquellos que no han perdido su vida sino la han entregado en el ejercicio de su labor, para todos esos médicos valientes, enfermeras generosas y tantos héroes anónimos un agradecimiento especial.

Esta vida es solo un paso para llegar a Dios, mi Padre bueno, el buen Pastor. Hay que morir para vivir, para comenzar la verdadera vida. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; hermoso misterio que nos da la esperanza de vivir eternamente.

 Cada día hay que prepararnos, no para la muerte, sino para la resurrección; para encontrarnos con Aquél que por amor nos ha traído a la existencia, llenos de esperanza sabiendo que lo mejor está por venir.

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