¿Por quién votar?

La Justa Razón - Adrián Rodríguez Alcocer 19 de mayo de 2021 Por Adrián Rodríguez Alcocer
Columna "La Justa Razón" de Adrián Rodríguez Alcocer para PoliticArte.Mx
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Que necesitamos equilibrar las fuerzas políticas del país para que no exista hegemonía de un solo partido me parece un hecho evidente, que no requiere de mayor profundización. Da igual si uno es o no simpatizante de la cuarta transformación o de tal o cual partido, si uno se asume “apolítico” o está simplemente harto de todas y cada una de las opciones políticas actuales. En cualquier caso el equilibrio en el ejercicio del poder es algo que hace bien. Incluso para el mismo partido en el gobierno, el equilibrio es bueno: le impide no perder el piso y lo reta a centrarse nuevamente en la plataforma que lo llevó al poder. Hoy, en nuestro país, tal equilibrio no existe. Tras un triunfo arrasador y francamente impresionante, regresamos a un mal que pensábamos extinto: el partido hegemónico.

No cabe duda que la hegemonía partidista, al menos en el sistema electoral que tenemos hoy en día y que tanto costó construir, se rompe a fuerza de votos. Las urnas son el único camino eficaz y legítimo para reconstruir un balance de poder que permita garantizar que ninguna de las fuerzas políticas (todas ellas despreciables, aunque unas más que otras) tenga control total y pueda hacer impunemente lo que le venga en gana. Esto es especialmente importante cuando la urgencia de restaurar el balance proviene de un riesgo auténtico de que las normas constitucionales que sustentan nuestro marco institucional y democrático sean transformadas en un portal que nos transporte a “La Ley de Herodes” (1999).

Pero si eso está ya suficientemente discutido, la pregunta inmediata es ¿por quién votar? Conozco muchas, muchas personas (más de las que quisiera) que estando descontentas con el rumbo que ha tomado el país bajo su mando actual, no está dispuestas a tachar una boleta con el logotipo de algún partido político. Incluso a mí me causa bastante incomodidad a pensar mi voto: marcar cualquiera de los logotipos de la boleta me parece un acto ciertamente repulsivo. Sin embargo, es necesario. No se trata (porque sería inmoral) de elegir un mal menor. Tampoco se trata de cerrar los ojos a las maldades de los partidos opositores y tenerlos por inmaculados por la dudosa virtud de “oponerse” al lopezobradorismo (hacer eso es una renuncia voluntaria e inmoral al uso de la propia razón). Se trata de elegir el bien posible. ¿Cuál es el bien? El equilibrio entre las fuerzas políticas. ¿Es posible? Sí. ¿Podemos algo más que eso? No creo, al menos no en estas elecciones.

Estas elecciones deben ser un primer paso para recuperar lo perdido, pero, si se logra, para nada podemos quedarnos tranquilos, todavía faltará mucho, mucho, por lograr. Ya hablaremos de eso. Ahora, cómo podemos efectivamente lograr el bien posible, la recuperación del equilibrio. Me parece que la respuesta es tan triste como simple: el voto útil. Se trata de votar partidos (no sólo candidatos, porque al votar partidos apoyamos al candidato de mayoría Y a los candidatos plurinominales de ese partido) que sean: 1) verdaderamente contrarios al partido hegemónico, es decir, que no sean satélites aliados al gobierno, que votarán siempre en su favor (por ejemplo: PES, PVEM, PT, probablemente MC y algunos otros de los nuevos); y 2) con posibilidades reales de ganar, cosa que sabremos por las tendencias que reflejan las encuestas (aunque no son perfectas), por lo que depende de cada distrito. Otro tipo de consideraciones, por ejemplo, la posición específica respecto de ciertos temas (aunque me duela, incluso los temas morales) pueden convertirse en espejismos que nos lleven a votar candidatos y partidos adeptos al régimen, con nulas posibilidades de ganar o, ambas.

No perdamos de vista que no se trata de renunciar a las cuestiones morales, al anhelo y el esfuerzo por un cambio auténtico, a una reconstrucción y revaloración de la política como un servicio público, auténtica expresión de caridad cristiana… pero primero tenemos que asegurarnos que estemos jugando en cancha pareja y que no se pierda lo que tantos antes que nosotros defendieron, a veces a costa de su vida.

Adrián Rodríguez AlcocerAdrián Rodríguez Alcocer

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