Familia, educación y una vida mejor

Al Pendiente - Francisco Solís 22 de diciembre de 2020 Por Francisco Solís
La educación y la formación convienen, nos hacen mejores personas y nos permiten aprovechar las oportunidades.
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Todos nacemos con ciertas condiciones en nuestras familias, tanto de cultura, ingresos, bienestar y afecto. Cuando estas condiciones cambian en un hogar, se dice que ocurrió movilidad. Cuando las condiciones cambian con el paso de las generaciones, se dice que ocurrió movilidad intergeneracional. Es decir, hay movilidad intergeneracional cuando los hijos tienen una mejor calidad de vida que los padres. A quien no le gustaría eso, que sus hijos se superaran.

La movilidad intergeneracional requiere de mucho apoyo de la familia; esto, a su vez, requiere de las condiciones más favorables que el gobierno y otras comunidades puedan ofrecerle. Una movilidad bien habida implica estar en una posición que permita vivir mejor, porque se tienen mayores capacidades para un nivel de vida y porque los conocimientos adquiridos permiten relacionarnos mejor con nosotros mismos, los demás y nuestro entorno. La capacidad de emprender, la comprensión de lo que nos hace bien y lo que nos hace mal, la posibilidad de un buen empleo, la lectura, las buenas conversaciones, todo esto nos ayudan a vivir mejor.

Para poder pasar en vida a una mejor vida pueden ocurrir muchas cosas, una de ellas es obtener educación mediante el estudio y la formación. Cuando digo estudiar me refiero a ir a la escuela, donde es posible recibir conocimientos, habilidades y actitudes, es decir competencia. Cuando digo formación, me refiero a todas las experiencias y valores que adquirimos en clubes, grupos deportivos, encuentros religiosos, clases extracurriculares, por mencionar algunas. No sobra decir que en muchos casos esta formación en el esfuerzo, el trabajo, los valores es la que ayuda a muchos a salir adelante y alcanzar grandes metas.

Mi familia ha sido beneficiada por la movilidad social intergeneracional. Tanto mi mamá como mi papá tuvieron la oportunidad de que entre sus hermanos y sus papás les apoyaran para salir de sus comunidades a estudiar. Hoy, entre mis primos y sus hijos se encuentran grandes profesionistas que han desarrollado carreras muy exitosas de servicio a la oportunidad; mis ocho hermanos concluimos una carrera universitaria y nos desarrollamos profesionalmente. Algunos de los compañeros de escuela de mis padres, que hoy siguen siendo sus amigos, también vivieron esta misma experiencia en sus familias que les permitió superarse.

Seguramente en tu familia también ocurrió que tus padres, tú o tus hijos son los primeros en obtener un título técnico o universitario. Somos el resultado de esfuerzos y decisiones de nuestras familias, de nuestros maestros, de nosotros mismos, de quienes dirigieron el gasto público a la educación y de buenas condiciones que permiten encontrar un buen empleo terminando los estudios o emprender.

La educación y la formación convienen, nos hacen mejores personas y nos permiten aprovechar las oportunidades. Para que esto ocurra es necesario que el gobierno realice el gasto público adecuado y la regulación para generar infraestructura y educadores de calidad. Por su parte, las familias deben estar conscientes que los sacrificios de hoy por la educación y la formación de sus hijos producirán buenos frutos.

¿Pero que sucede cuando en las tardes vemos a nuestros hijos, primos y sobrinos carecer de conocimientos fundamentales? ¿No les pasa que da coraje y preocupa que los niños y jóvenes estén pasando horas y horas en la escuela sin obtener lo que les permitirá vivir mejor? A mí me ha pasado; y seguro a muchos de ustedes también. Queremos un mejor futuro para quienes hoy estudian y sabemos que la situación es complicada.

Me da gusto que algunos padres y madres buscan otras opciones. Llevan a sus hijos a clases particulares en la medida de sus posibilidad (muchas veces con familiares que les pueden ayudar). Otros reconocen que la educación escolar será insuficiente sin la formación en valores y promueven que sus hijos entren a grupos o clubes de distintos tipos. Estos papá y mamás merecen un gran reconocimiento, pero, sobre todo, merecen y tienen derecho a recibir apoyo.

Otros padres y madres de familia pasan horas y horas ausentes de casa por distintos motivos; hay quienes tienen varios trabajos, otros atraviesan por alguna crisis personal, otros de plano tienen que emigrar. Para los hijos de esas familias es más difícil recibir el apoyo extra que les complementaría la educación que ofrece la escuela. Muy probablemente su futuro será complicado.

Estas familias con dificultades requieren apoyo para impulsar la educación y formación que permitan vivir mejor a sus hijos. Los ejemplos a seguir, la detección de talentos y el apoyo económico son tres políticas que pueden ayudar a estas familias, tal como lo exponen Pablo Peña y Armando Chacón en su libro Cómo cambiar historias. Cuando se conoce a alguien que estudió y le fue bien, la motivación para estudiar crece. Cuando se sabe que la niña o el niño tienen algún talento, se reconoce que vale la pena invertir en su preparación. Cuando se recibe apoyo económico, es más fácil para los padres dedicar un poco más de tiempo a la educación de sus hijos o enviarlos  a un espacio que complemente la educación con formación.

Los mexicanos compartimos una serie de valores y vivencias que nos hacen estar orgullosos de haber nacido en esta tierra. Somos ingeniosos y usamos lo que tenemos a la mano para resolver nuestros problemas. Nos unimos en celebraciones religiosas, como las posadas, la navidad, la rosca de reyes, la semana santa, que van acompañadas de fiestas familiares. Nos esforzamos y queremos lo mejor para nosotros y para los demás, tan así que somos solidarios cuando la situación lo requiere.

Los invito a que sean ejemplos a seguir; que les muestren a los más jóvenes que vale la pena estudiar. Celebren y apoyen el talento de los pequeños; háganles saber, tanto a ellos como a los encargados de su educación y formación, que su talento significa una oportunidad. Apoyen económicamente, donando y becando en la medida de sus posibilidades, pero también exigiendo que los recursos públicos sean bien asignados. Todos tenemos buenas historias con la educación; sabemos que es un factor fundamental de cambio. Actuemos para que los mexicanos, principalmente los más pequeños, puedan cambiar sus historias y la historia de México.

Fotografía - Francisco Javier Solís Gamboa-minMtro. Francisco Javier Solís Gamboa

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