Sistema electoral y elección 2020 en los Estados Unidos.

Laboratorio Político 28 de enero de 2021 Por Jonathan Chávez
Articulo de Jonathan Chávez para #LaboratorioPolítico

“No entendimos los peligros que representa el dinero en la política, su poder; no entendimos que la concentración del dinero corrompe la democracia y que las élites pueden valerse de este   para modelar tanto la economía como nuestra política para concentrar cada vez más el poder económico y político."   

Capitalismo progresista   

Joseph E. Stiglitz

 

Durante el año 2020 analistas políticos coincidían en que John Biden ganaría la elección Presidencial de los Estados Unidos por un amplio margen, la mayoría tenía la preocupación de que si no fuera así y la elección fuera cerrada se podría generar un escenario con amplias probabilidades de encauzar un conflicto post-electoral, las predicciones en cuanto al triunfo fueron correctas y el candidato del Partido Demócrata ganó la elección por un amplio margen, pero  no con el suficiente para detener la estrategia de Donald Trump de no reconocer el triunfo de su oponente.

Durante varios meses pudimos percatarnos de un debilitamiento en la fuerza electoral del candidato republicano Donald Trump, las encuestas electorales marcaban una clara diferencia a favor de su adversario, pero los analistas vislumbraban que el fenómeno del voto oculto aparecería y equilibraría el juego electoral, dicho escenario resulto cierto, sin embargo, ese voto oculto no alcanzó para dar el triunfo al Republicano, ya que las fuerzas progresistas se movilizaron como nunca antes en el país norteamericano.

Tres hechos acontecidos durante el año pasado enmarcaron la caída en las preferencias electorales del Presidente saliente: el mal manejo de la Pandemia del COVID-19, que ha dejado como resultado casi 400 mil personas fallecidas y más de 23 millones de personas contagiadas, el asesinato del ciudadano estadounidense George Floyd a manos de policías americanos, que provocó movilizaciones y disturbios por todo su territorio y el apoyo del candidato a grupos de extrema derecha, algunos incluso calificados como neonazis.

El sistema electoral de los Estados Unidos es sumamente distinto al de México, su elección Presidencial se realiza a través de un Colegio Electoral, es decir a través de un sistema de votación indirecta, cada estado ganado por alguno de los candidatos representa cierto número de votos, siendo ganador quien logre sumar 270 votos en el Colegio Electoral.

En el caso que nos ocupa el candidato demócrata John Biden obtuvo 81,283,485 votos directos que representan 306 votos colegiados y el candidato republicano obtuvo 74,223,744 votos directos que representan 232 votos en el Colegio Electoral, es decir, una diferencia de casi 7 millones de votos directos y de 74 votos en el Colegio Electoral, dando como claro ganador a John Biden, quien se convirtió en el candidato más votado en la historia de la nación norteamericana. Habría que recordar que en la elección pasada Hillary Clinton ganó el voto directo por más de 3 millones pero perdió la elección en la votación del Colegio Electoral.

Debido a la Pandemia del COVID-19 esta elección fue distinta a todas las vividas en la historia de los Estados Unidos, los eventos masivos no pudieron realizarse por mandato de las autoridades sanitarias, con el objetivo de guardar la sana distancia y la salud de los estadounidenses, los debates televisivos cambiaron de formato y Donald Trump no asistió a uno de ellos y el voto por correo postal rompió todos los records, ya que más de 100 millones de electores emitieron su sufragio por esta vía, lo que representa aproximadamente el 70% de la participación ciudadana.

Como ya había sucedido en la elección Presidencial del 2016 Donald Trump dio la sorpresa ganando estados clave como Florida, Ohio, Iowa y Texas, donde sus bases radicales de ultraderecha salieron a votar en cascada, sin embargo, John Biden hizo su trabajo y ganó estados clave como California, el estado con mayor número de votos en el Colegio electoral, Nueva York, Illinois, Minessota y Arizona, estado que no había sido ganado por ningún candidato demócrata desde 1996.

Poco antes de concluir el conteo de votos y al ver prácticamente perdida la elección Donald Trump acusó al sistema electoral de los Estados Unidos de fraudulento, vertiendo acusaciones contra lo que él llama el Estado Profundo, contra los medios de comunicación, ciudadanos en general y su equipo llegó al extremo de acusar a Cuba y Venezuela de intervenir en la elección a través de sistemas computacionales supuestamente controlados por ellos.

Pero este tipo de acusaciones son los problemas mínimos que enfrenta el sistema electoral estadounidense, ya que a pesar de que se cree que es uno de los mejores sistemas en materia electoral del mundo, la realidad es que llevan años adoleciendo de distintas problemáticas que disminuyen la credibilidad de sus elecciones. 

Por mencionar algunos ejemplos de lo anterior, Estados Unidos ha tenido frecuentemente fraudes electorales a nivel local, los Republicanos han modificado normas y reglas para favorecerse ellos mismos, la base afroamericana y latina tiene múltiples limitaciones para votar, existe una segmentación enfocada a dividir el voto demócrata en secciones electorales donde ellos tiene la fuerza ciudadana, la Cámara de Senadores no cuenta con una representación proporcional de acuerdo al número de habitantes y existen múltiples procesos jurídicos electorales sin sentido que pueden retrasar la toma de protesta de los candidatos ganadores, entre otros.

Uno de los problemas actuales mas graves es que el sistema  llamado “Un dólar-un voto” prácticamente tiene el poder de determinar quién es el ganador de una elección, es decir, el gran capital y los grandes consorcios pueden definir al triunfador, además, en la actual Revolución digital, los gigantes de las redes sociales como Facebook, Whatsapp, Instagram y Twitter, entre otros, pueden definir las reglas para promocionar o no a determinados candidatos, interviniendo directamente en la decisión electoral del ciudadano.

Siguiendo con los pasos del proceso electoral, concluido el conteo de los votos, cada uno de los estados certifica su elección y le da validez jurídica, los funcionarios electorales deben contar todas las boletas, verificar los totales, asegurarse que todos los votos validos sean incluidos; terminado este procedimiento, el resultado es presentado al Gobernador del estado.

Los Gobernadores envían un “Certificado de Verificación” al Congreso antes del 14 de diciembre cuando se reúne el Colegio Electoral, es en este periodo donde el equipo de Donald Trump interpuso un sinnúmero de impugnaciones electorales para que los Gobernadores no certificaran los resultados o se realizara un reconteo de votos, pero ningún recurso fue admitido o realizado el recuento no cambió el resultado, como fue el caso de los estados de Michigan, Pensilvania y Georgia.

El tiempo transcurrido entre la elección, certificación de resultados, conteo de votos por parte del Congreso y el desahogo de impugnaciones de Donald Trump fue un caldo de cultivo para que la radicalización de los ciudadanos estadounidenses creciera, ya que la estrategia del candidato perdedor es que sus bases nacionalistas derechistas crean que hubo fraude electoral, que la elección fue robada y con esto mantener el apoyo de sus bases con miras a dos objetivos fundamentales para continuar con su carrera política: apoderarse del Partido Republicano y volver a competir nuevamente por la Presidencia en el año 2024.

En un proceso normal el 6 de enero el Congreso cuenta y certifica los resultados electorales y daría como triunfador, sin ningún proceso adicional a John Biden, sin embargo, el sábado 2 de enero de 2021, 11 senadores y aproximadamente 140 congresistas anunciaron que se opondrían a la ratificación de la victoria del Presidente electo en la sesión del Congreso programada con ese objetivo, lo que forzó una revisión adicional. 

La maniobra fracasó y no logró impedir que el Congreso ratificara la victoria de John Biden, hubo un largo debate y algo nunca antes visto en la historia de los Estados Unidos: manifestantes azuzados por Donald Trump irrumpieron y tomaron el Capitolio con violencia, el vice Presidente Michael Pence y la Presidenta del Congreso Nancy Pelosi fueron evacuados y trasladados a un lugar seguro, se decretó un toque de queda y cuando las fuerzas del orden controlaron la situación, la sesión pudo seguir su curso y finalmente, el jueves 7 de enero la victoria del candidato demócrata fue avalada.}

El 20 de enero John Biden realizo el juramento como Presidente de los Estados Unidos de América, sin la presencia de Donald Trump, quien anunció que no asistiría.

 

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