Los buenos y los malos

La Justa Razón - Adrián Rodríguez Alcocer 10 de febrero de 2021 Por Adrián Rodríguez Alcocer
Columna "La Justa Razón" de Adrián Rodríguez Alcocer para #LaboratorioPolitico
Adrián Rodríguez Alcocer
Adrián Rodríguez Alcocer

 Cuánta tinta digital corrió durante las elecciones en Estados Unidos de este lado del río Bravo. Me llamaba sobre todo la atención una particular preocupación sobre el catolicismo liberal(o no-catolicismo, luego entramos a ese punto) de Joe Biden, y la defensa a ultranza (a veces hasta ridícula) de Donald Trump y la idea del presunto fraude electoral. Me recordó a un par de años atrás, en las elecciones de 2018, a un audio que circuló sobre todo por WhatsApp en el que una “tía” de Ricardo “Canallín” Anaya daba fe de su catolicismo. “Va todos los domingo a misa”, decía el audio con auténtica voz de tía.

Voy a caer con plena consciencia en la tentación de comparar las dos campañas electorales, haciendo la advertencia de que toda comparación entre los dos lados de la frontera debe tomarse con un granito de sal, porque creo que puedo partir de ahí para compartir la reflexión de esta quincena. En Estados Unidos la idea de un malvado contra un salvador es, quizás, más fácil de entender porque se trata de un sistema bipartidista, que, para colmo, ha ido polarizándose más año con año desde hace algunas décadas. Quién es el malvado y quién el salvador depende de a quién le preguntes. Ambos, si me lo preguntan, son expresiones de un mismo sistema político en crisis, preocupado más por sostener el privilegio de una clase dominante que por cualquier idea que utilicen como bandera. Para los cristianos esa elección tuvo acaso más resonancia porque Trump, en su esfuerzo por ganar el voto cristiano (protestante y católico) asumió la agenda pro-vida, al menos, como decimos aquí, “de dientes para afuera”.

En México 2021, mientras la elección más grande de la historia[1] se aproxima en medio de una pandemia mundial, estamos sumergidos en una lógica maniquea y polarizante. También nosotros tenemos al malvado y al salvador, y la asignación de esos papeles depende de a quién se le pregunte. Claro, no estamos ante una elección presidencial, pero sí ante una elección legislativa importantísima, que puede cimentar el poder del partido en el gobierno, haciéndolo prácticamente todopoderoso, a imagen y semejanza del PRI en sus mejores años, o puede restablecer en alguna medida los pesos y contrapesos que permitan un gobierno más equilibrado y menos a merced de la voluntad del presidente. Él será, precisamente, uno de los dos polos, el salvador o el villano, pues, aunque no aparecerá formalmente en la boleta, toda la opción política que representa está encarnada en él y su narrativa de la Cuarta Transformación.  En el otro polo estará una quimera que llamaremos, por falta de mejor nombre, la “oposición”.

Digo una quimera[2] pues la “oposición” ha tomado la forma de una alianza tan fantasiosa e informe como su par mitológico. Una figuración del propio presidente, encarnada sin duda gracias a él mismo: el famoso y hoy oficial PRIAN, dentro de cuyas siglas, medio oculto por insignificante, cabe también el PRD. Los antiguos enemigos, los otrora oficialismo y oposición, la representación más clara y obvia del “antiguo régimen” gastado y desacreditado, se ha unido para darle batalla al monstruo de la 4T.

Ahora, la idea de una alianza de partidos políticos disímiles, que se unen por una preocupación común por la democracia y la institucionalidad del país no es, en sí misma, mala; al contrario. Podría ser incluso un esfuerzo loable por restablecer los contrapesos institucionales y recuperar un equilibrio de fuerzas necesario y sano. Pero si uno se pone a leer las listas de candidatos (sobre todo plurinominales) de “la alianza”[3] se topa con los protagonistas de una clase gobernante tan corrupta, cínica y quemada que no tiene un ápice de credibilidad (ni vergüenza). Piensan, quizás, que la lógica polarizante de estos tiempos, el discurso de los buenos contra el malo, la idea del mal menor y el odio abierto contra el presidente y su opción política, les servirán, como a Trump y al mismo AMLO en su momento, para obtener los votos que les permitan recuperar el poder perdido, al que aspiran sólo por tenerlo y gozar de sus privilegios.

Al final, buscando la justa razón en medio de este escenario dicotómico, creo que vale la pena detenernos a reflexionar que estamos ente un falso dilema. No tenemos por qué escoger entre la 4T y el PRIAN, ni por qué soportar a uno o a otros, cada uno impresentable en su propia forma. El problema, como ya hemos dicho, es la salir de las simplificaciones y asumir que vivimos en una realidad compleja en la que la codificación de “buenos y malos” ni alcanza ni resuelve. Y para ello es necesario cuestionar ad intra nuestras propias narrativas y participar con creatividad, honestidad y responsabilidad en un debate público que nos permite construir no una “tercera vía”, sino también una cuarta, quinta y todas las que sean necesarias para atender verdaderamente a los problemas de nuestro país y de todos los que en él vivimos.

[1] “Se elegirán 21,368 funcionarios públicos, 3,528 representantes populares, 302 más que en 2018; habrá concurrencia electoral local y federal. Estarán en juego 15 gubernaturas, 500 diputados federales (siendo la primera vez que podrán reelegirse los integrantes de la legislatura actual, de acuerdo a la reforma del 2014), 1,063 diputados de 30 congresos locales, 1,926 alcaldes de 30 entidades.” Recuperado de: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/2021-la-eleccion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-20200907-0055.html

[2] Las quimeras son monstruos mitológicos que escupen llamas y tienen cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón. Diccionario de la Lengua Española (App), Actualización 2020, Sb. Quimera.
[3] https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2021/2/5/candidatos-de-oposicion-mas-de-lo-mismo-253599.html

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