Cumplir las reglas

La Justa Razón - Adrián Rodríguez Alcocer 23 de abril de 2021 Por Adrián Rodríguez Alcocer
Columna "La Justa Razón" para #LaboratorioPolítico de Adrián Rodríguez Alcocer
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No somos una sociedad particularmente inclinada a cumplir las reglas. Algunos teóricos, como Luis Medina, que han estudiado la conformación política de nuestro país, hablan no tanto de una tendencia a incumplir, sino a sentirnos sujetos a un conjunto distinto de reglas, unas reglas no escritas (es decir, informales) que conocemos, entendemos y cumplimos en la medida en la que formamos parte del “club”. Reglas que aplican diferente para quienes las conocemos y que hacen muy difícil que otra persona, alguien ajeno, pueda lograr algo siguiendo sólo las reglas escritas.

Si algún lector ha intentado alguna vez hacer un trámite, por ejemplo, de permisos administrativos, se habrá topado con el hecho desconcertante de que no basta cumplir con los requisitos de ley para lograr obtenerlo. Desde la nefasta práctica de los sobornos hechos y derechos, hasta el saber cuál funcionario “sabe cómo hacerle”, pasando por la ofrenda de coca-colas y galletas y por el lenguaje propio de cada dependencia, que expresa veladamente lo que de verdad se quiere decir, nos damos de frente con esas reglas informales que son sólo para los iniciados.

Muchas profesiones en México tienen esa práctica, pero en los gremios de los políticos y los abogados son todos unos especialistas. ¿Cómo, si no, se puede explicar la existencia de los pseudo-abogados cuya área de estudio y conocimiento es precisamente ese juego de reglas ocultas? Tan abundantes y conocidos son, que muchas dependencias cuelgan mantas advirtiendo a los ciudadanos de los riesgos de los “gestores” o, en vernácula, “coyotes”. La expectativa del trato preferencial por conocer a “alguien”, muchas veces a costa de torcer o romper una norma formal es otra expresión de lo mismo: la regla informal (la amistad, la pertenencia al grupo) impera sobre la norma formal en una perpetuación de la fórmula novohispana de “obedézcase pero no se cumpla”. Por eso la institucionalización de nuestro país ha costado tanto trabajo.

Por eso no debería sorprendernos que un sector, incluso un sector extendido, piense así y avale a quienes así actúan. Pienso en el gobierno actual y su serie de actos que demuestran un singular desprecio por las reglas formales (la ley) y las instituciones. Amenazas a los consejeros del INE, desarticulación de los órganos autónomos, acusaciones sin fundamento en las mañaneras y la joya de la corona: la extensión del mandato del secretario (perdón, ministro) Arturo Zaldivar. No es que el partido el gobierno y su líder no respeten las reglas: las respetan y cumplen a cabalidad. El problema es qué reglas cumplen y respetan. En su afán de transformar a México, han optado por establecer y cumplir sus propias reglas, reglas para los iniciados, para los que acompañan al presidente en su cruzada. Ahora, no tiene nada de malo establecer las reglas propias de un grupo, pero sí tiene mucho de malo cuando esas reglas están por encima de las reglas que son para todos y que todos podemos conocer.

Las reglas privadas que hacen sentir al grupo que las impone y aplica como una casta especial, como legitimados a pasar por encima de la Ley en virtud de alguna consigna, ideal, o del simple y llano privilegio, es un caldo de cultivo para los abusos y la corrupción de todo tipo. De hecho, esas reglas especiales, sólo para unos que están por encima de los demás en función de su cargo, su estatus o cualquier otro motivo, son precisamente lo que los liberales de la Reforma combatieron al pedir la eliminación de los fueros. Nadie puede estar por encima de la Ley, ni siquiera el presidente (ni sus ministros, Sr. Zaldívar). La verdadera transformación, que sólo puede partir de la democracia auténtica, pasa necesariamente por cumplir las reglas.

Adrián Rodríguez AlcocerAdrián Rodríguez Alcocer

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