¿Por quién votar? II

La Justa Razón - Adrián Rodríguez Alcocer 16 de junio de 2021 Por Adrián Rodríguez Alcocer
Columna "la Justa Razón" de Adrián Rodríguez Alcocer para PoliticArte
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Desde hace varios años, en México se ha querido reproducir un fenómeno que no es específico de los Estados Unidos, pero que encuentra allí un ejemplo paradigmático: el voto moral. En el vecino del norte se le conoce como el voto cristiano y suele jugar un papel importante (no siempre decisorio) en las elecciones de ese país. El voto cristiano es tradicionalmente evangélico y blanco, aunque, dependiendo de la elección en cuestión, aglutina evangélicos negros y católicos. Por ejemplo, las elecciones de 2016 vieron un voto cristiano bastante unificado en favor de Trump, lo que contribuyó sustancialmente a su triunfo[1], mientras que en las elecciones del año pasado los evangélicos no blancos lo abandonaron junto con un significativo número de católicos.[2] Esto es consecuente con la conformación religiosa de los Estados Unidos, cuya filiación religiosa es mayoritariamente protestante; así como con la historia de la libertad religiosa en ese país que, aunque mantiene una doctrina de separación Estado-Iglesia, no considera que la política y la religión son mutuamente excluyentes.

La Justa Razón-min¿Por quién votar?

México es otra historia. En México, la acción política directa está prohibida a los actores religiosos desde la misma Constitución Federal. Además, esa acción directa, es decir, la participación abiertamente católica en la política electoral, fue abandonada como estrategia de la Iglesia institucional desde principios del Siglo XX en contexto de la Cristiada. De manera expresa y consistente, los movimientos católicos que realizaban acciones políticas y cívicas fueron desarticulados desde el interior o transformados en apostolados de carácter más espiritual y evangelizador que social. No se trata de hacer historia, ni de juzgar las decisiones y estrategias de la jerarquía del siglo pasado, pero es importante mencionar eso porque explica en buena medida por qué, a pesar de contar con una estructura que está presente en prácticamente todo el territorio nacional y cuenta con amplio capital humano que se moviliza para fines religiosos y asistenciales, la Iglesia católica (entendida en su conjunto: jerarquía, clero, laicos e instituciones) no cuenta con una base social capaz de movilizarse electoralmente.

En México, los cristianos (al menos los católicos) no votamos de manera unificada, ni percibimos necesariamente una correlación entre religión y partido político. Es cierto que existen partidos con una cercanía histórica a la doctrina de la Iglesia, pero también es cierto que no existe ninguno formal ni totalmente “católico”. Existen grupos dentro de la Iglesia y dentro de algunos partidos que han buscado forzar esta correlación, pero sin más resultado que verse frustrados consistentemente en las urnas. Tenemos que entender que esta disociación entre la identidad política y religiosa es propia de nuestro país y que sus raíces históricas no permiten superarla de un día para otro. El PAN, el PES (dos veces) y muchos otros intentos de partidos han experimentado las consecuencias de dormirse en la falsa creencia de que el voto confesional existe y es amplio. Han pagado caro el error de basar plataformas electorales completas en fundamentos morales o religiosos sin atender seriamente otros temas. Un ejemplo claro es la plataforma del PES para estas elecciones, que después de amigarse con la 4T, centró su propuesta en la oposición al aborto y la supuesta defensa de la familia. Su resultado: perder nuevamente el registro por alcanzar menos del 3% de la votación.

Si queremos construir una opción política que garantice la atención a los asuntos de la agenda moral, tenemos primero que construir una oferta política atractiva, en la que la agenda moral no puede ser la única propuesta. Es necesario abandonar la falsa creencia en el voto moral y comenzar a trabajar una base social amplia, incluyente, capaz de escuchar con apertura y responder con creatividad a las muchas necesidades de los diversos sectores del país. Es hora de dejar atrás las fantasías y empezar a construir lo que queremos: un México en el que las personas estemos al centro de la política y en el que el Poder Público esté al servicio de todos los seres humanos.

En columnas posteriores iré desarrollando más estas ideas.


 
[1] https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/10/13/white-christians-continue-to-favor-trump-over-biden-but-support-has-slipped/
[2] https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/10/13/white-christians-continue-to-favor-trump-over-biden-but-support-has-slipped/ 

Adrián Rodríguez AlcocerAdrián Rodríguez Alcocer

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