Entre maquetas vs Resistencia. La vida de los pueblos no se salva con discursos. // Columna "Descolonizar el pensamiento" de Lizeth Ruiz Peralta para #PoliticArte

Laboratorio Político - Descolonizar el pensamiento - Lizeth Ruiz 18 de agosto de 2021 Por Lizeth Ruiz Peralta
No nos conquistaron

“NO NOS CONQUISTARON”, se escuchó resonar por las calles de Madrid, el pasado 13 de agosto de 2021, en una marcha donde estuvo presente el Escuadrón Zapatista 421, quienes no llevaron condenas y absoluciones, sino oídos atentos para encontrarse con aquellos pueblos que también, desde la cotidianeidad, luchan y se organizan en comunidad; vale la pena decir que dicho acto ha sido intrascendente e invisible para los “grandes” medios de comunicación mexicanos. 

Las mismas consignas contrarias a la del discurso de la Conquista de México, también resonó aquí en México (para aquellos que quisieron escucharlo). Y no hablo desde el espectáculo que llevó a cabo el gobierno mexicano, llamando a la celebración oficial “500 Años de Resistencia Indígena” -robando el discurso de los que en verdad luchan-, evento que se llevó a cabo detrás de las vallas puestas por el gobierno mexicano, delante de la pequeña maqueta del Templo Mayor, la cual estaba enfrente del Palacio Nacional en pleno Zócalo de la CDMX. 

En aquel espectáculo, Andres Manuel Lopez Obrador se ha quedado de nuevo en el discurso, mientras que sus acciones siguen siendo en contra de los pueblos indígenas, de sus formas de organización política, social y económica, tales como la defensa de la Madre Tierra, los autogobiernos y sus prácticas autonómicas. 

Dos conmemoraciones de dos visiones encontradas; evidentemente no son equiparables y no son dos visiones que se puedan reducir a una celebración o a un discurso, pues de ellas depende la vida de cientos o miles de seres humanos, de ellas depende incluso el equilibrio de la vida en el mundo. Por un lado, la visión de los pueblos, herederos de aquellos que resistieron y combatieron a los conquistadores que llegaron a América provenientes de España, y que a pesar de la guerra de exterminio lograron trascender al tiempo y hoy siguen resistiendo y combatiendo, ya no al conquistador español, pero sí a las grandes trasnacionales y a los grupos de la delincuencia organizada, ambos vinculados con los 3 niveles de gobierno de para despojar de sus tierras a las comunidades indígenas. 

Por otro lado, la visión del conquistador creyéndose superior cultural y militarmente. Asesinando indígenas cuando éstos se resistieron al mestizaje cultural o a la imposición de la religión católica. El español se sentía libre de pecado, aunque hubiera matado o torturado, bajo el argumento de querer dar a los indígenas un bien mayor, de retirar la barbarie para dar paso a la civilización; que era la palabra de Dios, el evangelio. Así la argumentación de la época que podemos leer claramente en el debate entre Fray Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda. 

La visión de los conquistadores españoles, hoy la portan dignamente los gobiernos que en la misma lógica de superioridad, con una mirada unidireccional, cual vencedores, pretenden imponer su visión del mundo en los territorios de los pueblos indígenas, para llevar, no el evangelio, sino “el progreso y desarrollo a las comunidades”. Y así como hace 500 años los pueblos lucharon contra las imposiciones, hoy lo siguen haciendo, no en el discurso ni de la mano del gobierno ni de sus instituciones oficiales como el INPI, sino en el territorio, en sus comunidades y pueblos, a través del fortalecimiento de sus propias prácticas de democracia (donde el pueblo realmente es consultado), de hacer política (entendida como la participación de todos y todas y no sólo de un grupo de “profesionales de la política”), así como de modelos educativos y económicos que sirvan al bien de todas y todos. Podemos decir que frente a la Conquista, ellos y ellas, los pueblos, siguen impulsando prácticas que les permitan existir. ¿Quién los puede cuestionar? ¿A quién le tienen que pedir permiso?

Del resultado de la aceptación o imposición de una de las dos visiones, depende la vida o la muerte e insisto, no es un juego discursivo. Pensemos en el Tren Maya, que no es la maqueta de cartón que representaba a una parte del Templo Mayor; es toda una infraestructura que acabará con la vida, con el agua, animales y abundantes bienes naturales que hay en los tramos por donde está planeado que  pase el Tren, sin contar el despojo y destrucción de toda una construcción del mundo que los pueblos han mantenido por siglos. Entonces, vemos que se decide entre la muerte o la vida ¿civilizar es defender la muerte?

“¿De qué civilización se puede hablar si se pierde la vida de millones de seres humanos?” preguntó Andrés Manuel López Obrador en la celebración del pasado 13 de agosto. Le cambiamos la palabra civilización por “desarrollo”, “progreso” o “crecimiento”, conceptos que ha pronunciado en lugares donde existe a la par una resistencia hacia sus megaproyectos. En todo caso, vemos que no le preocupa en lo más mínimo la vida de los pueblos originarios, donde mueren de hambre o por balas de grupos narco-paramilitares e incluso de las corporaciones del Estado. 

Menciona que es necesario desterrar la opresión, el racismo y el clasismo, pero justamente en estos momentos los pueblos que han resistido desde hace más de 500 años, que lo hicieron durante los sexenios anteriores y que lo hacen ahora en el gobierno de Andrés Manuel, siguen viviendo la opresión, racismo y desprecio. Por dar un ejemplo, los pueblos indígenas que resisten, cuando estaban tratando de ingresar al primer cuadro de la CDMX fueron bloqueados por vallas policiacas y camionetas atravesadas que imposibilitaba su paso al Zócalo. Así como se le negó la entrada a Marichuy, vocera del Congreso Nacional Indígena y del Consejo Indígena de Gobierno, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación el mismo día. 

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Es así como se les niega el paso, los derechos, la verdad, la justicia y la vida a los pueblos indígenas y comunidades que han resistido a los grupos paramilitares que diariamente los acechan y asesinan,  que resisten al despojo de sus tierras, a las cerveceras, a las embotelladoras que despojan del agua a los pueblos y a la termoeléctrica, los que resisten a los políticos corruptos y criminales, a los caciques. Se les ha negado el acceso a la justicia, a procesos en condiciones de igualdad, el derecho a ser sujetos de derechos, y se les sigue marginando y despreciando. 

Es decir, el colonialismo sigue vigente, no es un proceso que terminó con la independencia, sino que ha continuado y se acrecentó con el propio surgimiento del Estado Mexicano como una autoridad que continuó tratando de exterminar a los pueblos indígenas, queriendo desaparecer su idioma por medio de la castellanización y entorpecer su lucha por la autonomía colocando obstáculos legales. Esta (neo)colonización se mantiene en las estructuras del pensamiento cuando desde el poder se les mira con desprecio, se les trata como seres con carencias intelectuales y de razonamiento, como piezas de museos; masificar esa idea, tal como lo hacen desde el poder, logra que en amplios sectores de la población mexicana se desprecie a los pueblos que no se han rendido, y que se mantienen firmes, resistiendo, ante la globalización neoliberal. 

 

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