"Los labios rojos de la taza blanca" de José Buendía, gana el Premio Baltazar en SLP

CulturizArte 23 de diciembre de 2021 Por Tribu PoliticArte
San Luis Potosí, San Luis Potosí a 23 de diciembre de 2021
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José Buendía gana el Premio Baltazar en SLP

El pasado lunes 21 de diciembre se llevó a cabo el primer concurso estatal de cuento y poesía navideños organizado por la Secretaría de Cultura en San Luis Potosí como parte del Festival de Invierno 2021, con la finalidad de preservar las tradiciones navideñas.

Martha Elizabeth Torres Méndez, titular de la dependencia de cultura, ecabezo la premiación donde menciono que: “el cuento y el poema de Navidad son expresiones de una festividad que nos hace más humanos y que une a la familia. De ahí la importancia de celebrar estas fechas convocando a participar a todos los potosinos para que sigamos construyendo un Potosí de identidad sólida”. Luego reconoció la participación de las y los concursantes, por hacer de la primera edición un éxito en el fomento de las tradiciones, dio a conocer que registraron más de 140 participantes y a su vez encabezó la premiación de cada una de las tres categorías;

  • El Premio Melchor (12-17 años)
  • Premio Gaspar (18-21 años)
  • Premio Baltazar (21 años en adelante)

Fue Yoselín Carrizales Díaz la ganadora del Premio Melchor con el cuento «La villa de las luces»; para el Premio Gaspar (18-21 años) fue premiado José Noé Ojeda Rodríguez con «La sombra de Eliot» y el galardón del Premio Baltazar lo obtuvo el escritor potosino José Buendía con el cuento «Los labios rojos de la taza blanca»

Con alegría navideña, hoy en exclusiva para PoliticArte te compartimos aquí el cuento galardonado:

Los labios rojos de la taza blanca.

"Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, 
apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy."
JULIO CORTÁZAR.

–¡Necesito que te lo metas en la cabeza Roberto! ¡Ter-mi-na-mos!

Sabía que estaba hablando pero mi mente estaba nublada. Yo intentaba leer los símbolos que el café había dejado en el fondo de mi taza para no desmoronarme, ahí buscaba las palabras que no le había dicho todavía, lo había intentado todo, lo había dicho todo pero no podía hacerle entender que nadie la iba a poder amar más que yo, que todo lo que había hecho era precisamente por eso.
¡Zas! El azotón de puerta que anunciaba su partida me sacó de mí mismo, levanté la cara del fondo de la taza y no la vi al otro lado de la mesa, solo su silla vacía y los trastes sucios que quedaron después de una amarga merienda. Volteé hacia la puerta y no había nadie, de verdad se había ido.
Me recosté sobre la mesa, ni siquiera tenía la fuerza suficiente para levantarme, solo la suficiente para llorar, y llorar, y llorar hasta quedarme dormido. En mi sueño te apareces, hermosa, libre, condescendiente y me dices.
–No vuelvas nunca a buscarme, nada tendrás más de mí, solo un último roce de mis labios que si no cuidas bien terminará por matarte.

Despierto y los colores se han ido, ¿qué hora es? Debe ser de madrugada, ¿fué un sueño?, ¿una pesadilla? Tallándome los ojos con los dedos busco quitar las nubes de mis ojos, la silla sigue vacía, los trastes siguen ahí, fue real. Me levanto y busco la luz de la cocina, tropiezo a propósito para lograr un efecto de mayor patetismo, en el suelo pienso que actúo para mi soledad como un personaje de serie de televisión y la voz de mi cabeza me dice que soy ridículo.
– Eres un ridículo
Me levanto y busco la luz de la cocina. Esta vez sin tropezar logro encenderla. Es una escena realmente triste, un desierto. Empiezo a levantar la escena trágica del rompimiento, primero mi lado de la mesa, la taza de café que no me dio ninguna respuesta y un plato con las boronas esparcidas que quedaron de un pastelillo que alguna vez fue algo entero y hoy está tan destruido como yo. Los llevo al lavaplatos y me armo de valor para dirigirme a la escena del crimen nuevamente. 
Me acerco al último lugar donde estuviste, a la silla que contuvo tu presencia, toco el asiento con la esperanza de que conserve un poco de calor, pero nada, frío, muerto, como nuestra relación. Me dispongo a levantar tus trastes y de pronto, –como un relámpago que me atraviesa el cerebro– veo unos labios rojos pintados en la taza blanca, un beso aprisionado, un último beso tal vez, la prueba de tu existencia, la huella del arma que disparó las palabras que mataron nuestra relación, ¡tantas posibilidades en tan poco espacio!
Solo en mi habitación, lloro nuevamente, profundamente, sobre la taza. Lloro y mis lágrimas (apenas logro advertirlo) comienzan a humedecerla. Reacciono a tiempo y me doy cuenta que solo una lágrima tocó el regalo de tus labios. No hay gran daño, la impresión intacta. A efecto de evitar algún daño futuro busco el baúl de madera que guardaba una botella de mezcal y la deposito cuidadosamente. Este será tu hogar de ahora en adelante.

Todas las tardes me apresuro a regresar contigo. No sabes el alivio que siento de que la rutina de contemplarte cada tarde no genere más peleas entre nosotros y que no me reproches las ocasiones cuando irremediablemente (ahora con la distancia suficiente para no arriesgar perderte) lloro.

Me gusta como ha quedado tu habitación, o tu altar como me gusta pensarlo El altar erigido a la diosa de una religión para un solo hombre que soy yo. Tú al centro, velas con aroma a oro, incienso y mirra. Ni siquiera fue necesaria alguna fotografía para complementarlo, es suficiente la imagen de tus labios.

Los escucho cuchichear en la oficina, hablan a mis espaldas creyendo que no los escucho, ¡pero los escucho! Perdón, no quise alzarte la voz, no es a ti, ¿lo sabes, verdad? Estoy cansado de oírles, ¿y a ellos qué les importa si mi aspecto es demacrado?, ellos no entienden mi necesidad de volver contigo, ellos nunca han amado como yo te amo a ti. ¿Improductivo? ¡Ja! Ellos le llaman improductivo a cualquiera que no vaya a matarse a la oficina de día y de noche para ganar mucho dinero, para comprar muchas cosas con las que no alcanzan a llenar el vacío que tienen dentro de ellos mismos. Yo no necesito nada más, solo a ti. Creo que lo mejor será renunciar a mi trabajo, ¡Sí! Eso, así podré dedicarme enteramente a ti amor mío, ¿qué opinas?... No se hable más, está decidido.

Aviso de Desalojo
Estimado inquilino, lamentamos que no haya podido efectuar el pago de la renta correspondiente a los meses de septiembre, octubre y noviembre. Como es de su conocimiento según lo estipulado en la cláusula séptima, inciso b) del contrato de arrendamiento, nos vemos en la penosa necesidad de generar el presente aviso de desalojo, que surtirá efectos el próximo día 24 de diciembre de la presente anualidad en punto de las 8 pm.
Sin otro particular por el momento agradecemos sus atenciones y le deseamos una feliz navidad y próspero año nuevo.

Atentamente

La Administración

¡Bah! Maldita gente mundana y materialista, solo les importa el dinero... el dinero, ¡el maldito dinero! Si supieran que este pequeño departamento alberga la más grande historia de amor jamás contada, no nos pedirían algo tan vacío como dinero.

La cena está servida, he acomodado todo tal y como te gusta, ¿cierto?, el mantel rojo, la vajilla blanca que hace juego contigo. Espero que las luces del arbolito no estén muy brillantes pero pensé que serían un buen detalle verlas reflejadas en tu vestido blanco, después de todo, esta noche es muy especial.  He estado pensando mucho en nosotros y por fin me decidí a hacerlo, ¿qué de malo podría pasar? Será solo un pequeño roce, amor, no presionaré muy fuerte, lo prometo, no pondría en riesgo lo nuestro, pero es que ver tus labios, me tiene embriagado y ya no puedo resistirlo, necesito un beso. Disculpa si mis manos sudan pero es que estoy muy nervioso, en todo este tiempo jamás había estado mi boca tan cerca de la tuya, no es que no lo haya pensado o deseado pero creo que me había faltado valor, no a tu rechazo, yo sé que me amas, miedo a echarte a perder, a borrarte por un descuido o algo peor... bueno, aquí voy...

¡¡¡TOC!!! ¡¡¡TOC!!! ¡¡¡TOC!!! –¡Es la policía! ¡Abra! 

–¿Eh? –reacciona Roberto confundido.
El alboroto del otro lado de la puerta asusta a Roberto quien deja caer la taza de sus manos.

¡¡¡CRASHHHH!!!

–¡Nooo!, ¡¿Qué han hecho, desgraciados?!  ¡La han matado! Amor, amor, no te preocupes, no podrán entrar, me he asegurado bien de ello... todo estará bien, todo estará bien, ven aquí, todo estará bien.
Roberto recoge con las manos desnudas los pedazos de porcelana, busca desesperadamente sus labios rojos, revuelve los pedazos mientras afuera, los golpes son cada vez más fuertes, los gritos...
–¡Abra de inmediato!, ¡tenemos orden de desalojarlo, no lo haga más difícil!
En su desesperación no se da cuenta que los labios rojos le han herido una vez más, al fin los encuentra, sonríe con los ojos llenos de lágrimas y de repente se da cuenta que la taza blanca en sus manos cada vez se pinta más de un rojo húmedo que no entiende. Ríe y llora a la vez, la fuerza lo ha abandonado desde hace tiempo, piensa en levantarse pero no consigue hacerlo y ante sus ojos todo empieza a fundirse a color negro.

WhatsApp Image 2020-11-01 at 11.32.03 AMCuento inédito: "75 de azúcar y 75 de carne"

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