Reseña "EL AROMA DEL TIEMPO" de BYUNG CHUL HAN

CulturizArte 04 de enero de 2021 Por Jonathan Chávez
“El hombre que fui ya no existe, soy otro.” Marcel Proust.

Por: Jonathan Chávez Nava

 

Vivimos en una sociedad que en los últimos años se ha visto envuelta en la vorágine de la híper comunicación, desde nuestra participación en las redes sociales, hasta en nuestra vida cotidiana, donde todo pasa y nada queda, donde la aceleración nos arrastra y no podemos salir del laberinto que esto implica.

 El filósofo Coreano Byung Chul Han ha realizado estudios filosóficos en la Universidad de Friburgo y de Múnich y ha analizado muchas problemáticas actuales a través del análisis de las teorías de filósofos alemanes como Friedrich Hegel, Frederich Nietzsche, Edmund Husserl, Martin Heidegger, filósofos contemporáneos como el polaco Zygmunt Bauman e incluso escritores y filósofos franceses como Marcel Proust y Jean François Lyotard.

Actualmente este autor cuenta con más de 20 análisis y ensayos sobre diversos temas de actualidad, pero me ocuparé de una de una de sus obras más representativas: “El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse”, publicado en el 2009.

Chul Han se centra en cómo la modernidad actual, ha hecho que nuestro tiempo se encuentre detenido en una híper aceleración, que provoca que los acontecimientos de nuestra vida diaria pasen de largo sin crear lo que conocemos como una experiencia, todo pasa de largo, nada se queda estático, por lo que es imposible crear arraigos.

"El mundo se asfixia en medio de las cosas" Byung-Chul Han

No solo se trata de que el tiempo solo se acelere, porque esta misma aceleración genera lo que Chul Han llama disincronía, no es que el tiempo se acelere de manera continúa y constante sino qué hay una dispersión y una atomización del mismo, lo que da como resultado, que haya un desorden en nuestras vidas.

Esta velocidad atomizada o fragmentada, hace que el tiempo de sucesos que ocurren en él se dispersen, generando así que ningún hecho permanezca, cada instante se vuelve un mismo instante, cada momento vivido es el mismo, no existe una diferencia entre un suceso y otro y así, ya sin un marco referencial de tiempo, se pierde el sentido del tiempo y de la vida misma, no sabemos hacia dónde vamos, de dónde venimos o si estamos aquí y ahora. Cuando ya no es posible determinar qué tiene importancia todo pierde importancia.

Nada fluye porque nada comienza, así que no podemos llegar a algún fin, al no tener un tiempo carecemos de un fin teológico, es decir que al no tener sentido nuestra vida también carecemos de un sentido de trascendencia, nos obsesionamos con el hoy, el aquí y el yo mismo. Aceleración y paralización son dos caras de la misma moneda.

Estamos frente a un tiempo que no tiene sentido, porque no tiene final, no tiene inicio y esto da como resultado, que tengamos una angustia existencial, que no nos deja avanzar en nuestra vida personal, creando un círculo vicioso interminable.

El autor analiza cómo dos de los sistemas económicos más importantes de los últimos siglos, el capitalismo y el neoliberalismo, han marcado las vidas del ser humano con el rendimiento permanente, si no rindes para el sistema no vales como ser humano, pero si rindes como máquina de trabajo, dejas de ser humano lo qué incrementa el vacío existencial. El trabajo constante y continuo, solo genera relaciones esclavo-amo, ya no hay tiempo para la vida contemplativa, solo hay tiempo para la vida activa, por lo tanto el trabajador solo recupera fuerza para volver a trabajar pero con fuerzas renovadas, pero el poco espacio de ocio o relajación que dejo ir el trabajador se ha convertido en pérdida de tiempo vital. Trabajar y consumir solo crea hiperactividad letal.

Con todo esto hemos llegado al fin de la vida contemplativa, donde el ser humano ya no se da el tiempo para reflexionar a fondo sobre nada, incluso ni sobre su vida misma, solo actúa automáticamente y sin reflexión, no encuentra sentido a lo que hace y se refugia y se encierra en el yo y solo se procura a sí mismo.

Chul Han analiza que el hombre al sólo procurarse en el yo se convierte en un obsesivo de la salud, ya no le importan los que lo rodean y busca la fuente de lo sano, llegando incluso a la negación de la muerte, sin darse cuenta que en realidad ha muerto a destiempo, su vida ya no es vida, solo es un ente sin sentido.

El autor toma de referencia a uno de sus escritores más mencionados y analizados en sus trabajos: Frederich Nietzsche quien en su obra “Así hablaba Zaratustra” habla del “último hombre” de quien sostenía que era individualista, mediocre, conformista, hedonista, con un apego a la salud, que llevaba una vida aburrida y solo actuaba para sobrevivir, a lo que Chul Han equipara que el hombre contemporáneo actúa de la misma forma que el hombre del siglo XIX que vio Nietzsche.

En su análisis este autor profundiza su estudio poniendo como ejemplo uno de los clásicos de la literatura universal: “En busca del tiempo perdido” del escritor francés Marcel Proust, en el que se analiza la decadencia y la posible desintegración del yo, el tiempo perdido, dando por hecho una crisis de identidad en su época, pero que a través de pequeños momentos tan simples como comer una magdalena con una taza de té el hombre puede recuperar el aroma del tiempo. Solo cuando uno se detiene a contemplar un suceso en plena calma, puede encontrar la belleza, el aroma.

En otro capítulo, se analiza de manera puntual la obra del filosofo alemán Martin Heidegger “Ser y tiempo” publicada en 1927, en la cual se explica cómo el tiempo se ha desintegrado en una sucesión cada  vez más acelerada de acontecimientos que no tienen relación entre sí, lo que genera que el propio tiempo corra sin rumbo, meta o fin para el propio ser.

Chul Han nos concluye que un mundo que no tiene un tiempo regular y que no tiene objetivo, no tiene sentido, que todos los momentos son iguales, que vivimos presentes sin rumbo, por lo tanto no hay ayer, no hay mañana y no hay futuro. El hecho de que el hombre actual tenga muchas vivencias no hace que tenga una vida más plena si no más corta. El hombre envejece sin hacerse mayor, lo que le resta años de creación de experiencias que ya no podrá recuperar. “El tiempo se desintegra en una mera sucesión de presentes.”

El antiguo hombre moderno tenía sentido porque tenía pasado, lo que generaba que tuviera presente, y ese mismo presente le daba sentido a su futuro, ese tener pasado, es lo que le da sentido a los sucesos de su presente y este sentido descubierto, es lo que el autor llama el aroma del tiempo.

Bajo la reflexión de Chul Han vivimos en un tiempo sin aroma, nuestro tiempo no tiene significado de futuro, nada de relevancia nos sucede, es un tiempo atomizado, fragmentado, deshecho, caótico, vacío, roto.

Su llamado es que lo único que le queda por hacer al hombre para recuperar el aroma de tiempo es volver a la vida contemplativa, a la reflexión, a la espera, a la quietud, para llegar así a saber esperar los intervalos entre presente y futuro, para dar así sentido a su existencia y poder avanzar viviendo y no solo respirando sin sentido de trascendencia, ya que sin estos intervalos de tiempo, espera y reflexión se crea caos, destrucción, todo se pausa, nada se concluye, todo se empantana.

 Recuperemos el aroma del tiempo, es necesario.

Jonathan-minJonathan Chávez

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