Un discurso político sin saliva.

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, un discurso político no.
discurso

La mañana de este martes, nuestro presidente parafraseo parte de un verso de Latinoamérica, canción interpretada por Calle 13, citó: “El que no quiere su Patria, no quiere a su madre” (excelente gusto musical a mi parecer, algo que ya había denotado, al pedir se le complaciera con “Los Caminos de la Vida”, en otra ocasión), acorde al enfoque artístico-musical, que el decidió utilizar, y como componente léxico, yo tomé otro fragmento de la misma canción, el cual menciona “Un discurso político sin saliva”, para ponderar el tema.  
 
¿Qué es lo que nos satisface al escuchar de nuestros Gobernantes?  
 
Tal vez un discurso homogéneo que se ha trabajado, campaña tras campaña, con pequeñas modificaciones, pero bastantes inclusiones. Este año para la usanza están las elecciones del mes de junio, en seis estados, consecutivamente vendrán las de Coahuila y Estado de México, el próximo año, logrando habituarse y alistarse para el 2024. 
Como ultima referencia de discurso para una elección presidencial, esta todo lo dicho en el 2018, querer partir de ahí para buscar errores y culpables, ya está de más, lo hecho está hecho, y el subsumido es identificado entre nosotros sin necesidad de indagar tanto, de esta elección solo queda nuevamente registro de un político que mintió, para llegar a conseguir objetivos personales, satisfacer a lideres partidistas, y probablemente darles un espacio a movimientos politizados.  
La diferencia que marcó la decisión tomada en dicha elección, fue la fe que los votantes tuvieron hacia una insurrección pacífica. Se le llamó “Voto de Castigo” a gran parte de quienes buscaron la sublevación, y decidieron seguir a quien prometía algo cercano a lograrse. 
Promesas, que se quedaron siendo eso hasta este momento. 
 
Volvemos a la pregunta; ¿Qué es lo que nos satisface al escuchar de nuestros Gobernantes? 
¿Promesas que sabemos que no pasaran de ahí? ¿O preferimos que se nos plantee una verdad? Porque, la realidad del país todos la conocemos, pero la realidad de los ideales, de los objetivos y de las convicciones que no se pueden permutar, de quién va a ser el responsable de atender los asuntos del máximo poder, es lo que debemos escuchar. 
Pero ¿qué tan preparados estamos para escuchar lo que no queremos oír, y dialogar lo que no queremos hablar? 
Sin criticar a quienes ya fungen, me cuestiono si nosotros hemos aprendido a diferenciar una verdad posible de una verdad impuesta, y en la disputa del 2024, no hablemos como los desposeídos, o resentidos contra una elite, que cuando algún candidato nos pueda llegar a plantear un escenario real de combate, elijamos entrar a pelear con él y no prefiramos creer que, él por sí solo puede traer el triunfo, y nosotros disponer de los beneficios de una supuesta victoria. 

Ana Alamilla.

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