A través de la metamorfosis.

Columna de Coraima Leura para PoliticArte
Plaza del Carmen. San Luis Potosí.
Plaza del Carmen. San Luis Potosí.

“Abrazamos a nuestros hijos para ser rodeados por los brazos del futuro,

para llevarnos a nosotros mismos más allá de la muerte, para ser transportados.”

John Maxwell Coetzee

El fin mayor de los padres y madres (responsables, cabe aclarar), siempre será el bienestar, la felicidad y la vida plena de sus hijos, y nosotros como hijos sabemos que todo el tiempo, el cuidado y la guía de nuestros padres nos abraza para toda la vida. Y claro todo esto supone que una gran parte de ellos vive en nosotros, y que permite que aún después de su ausencia en este plano terrenal (para los que creemos en una vida más allá) sigan estando presentes a través de nosotros y del cómo honramos su memoria.

Coetzee expresa en la cita antes mencionada una referencia de trascendencia, que refleja el cómo los padres pueden seguir viviendo aún después de la muerte a través de sus hijos, y considero esta como una aseveración dotada de nobleza y espiritualidad, que sin exagerar creo que ha pasado por la mente de todos los padres o al menos la mayoría.

Pero qué pasa con aquellos padres que se enfrentan al desolador panorama del shock de ver hace un día o incluso unas horas a sus hijos y en un momento posterior no saber que ha sido de ellos. Tener que recurrir a su memoria fotográfica para recordar que ropa llevaban puesta, que señas particulares pueden ser de ayuda. Empezar a trazar un mapa de sus recorridos diarios, lugares de visitas frecuentes, amigos, pareja y todo eso con la presión del reloj.

Todos los días al encender la televisión o abrir nuestras redes sociales nos topamos con rostros, descripciones y muchas historias de desesperación de padres y familias enteras. La búsqueda de personas desaparecidas se ha convertido en algo cotidiano en nuestros días, caras nuevas, historias similares y esfuerzos que parecen no llevar a ningún sitio. Hay casos que nos sacuden, nos vuelven solidarios y nos llenan de sentimientos de frustración, nos sitúan en la empatía y la reflexión de lo incierto que es nuestro día a día y lo afortunados que somos cada que podemos volver a casa y a las personas que amamos.

Agradecemos no tener que contar una experiencia desagradable, o incluso poder contar el cómo logramos esquivarla o superarla. Se vuelve un logro el acto más cotidiano de nuestro día; el poder regresar a casa. Y así comenzamos a construir nuestra dinámica diaria en la que debemos siempre recordar que ropa llevan puesta el día de hoy las personas a las que amamos, a qué hora van a regresar y donde estarán, aprender a compartir en casi todo momento nuestra ubicación y vivir en una especie de paranoia normalizada.

Es alarmante el cómo hemos incluido a nuestro día a día el miedo, y más allá de eso la deuda que como sociedad tenemos con todos esos padres tanto a aquellos que se enfrentan a una desaparición, como a los que en el peor de los casos se les arrebata la cosa más invaluable que existe, la vida de sus hijos y lo que todo eso representa.

Cada que una vida se apaga, la sociedad misma va muriendo. Ya que cada que una persona se siente con el poder de privar de su libertad a alguien, lastimarlo o incluso terminar con su vida, podríamos decir que es un fallo social. Es cierto que para este punto podrán preguntarse ¿Porque las acciones de una sola persona son responsabilidad de todos?

Pues bien esta pregunta se puede responder de una forma muy simple haciendo un ejercicio en retrospectiva y empezando por tratar de responder ¿Qué factores en la vida de una persona le llevan a actuar así?, pues bien como sabemos nadie está aislado del factor social y las esferas de convivencia; la familia como primer vinculo en donde todos adquirimos hábitos, ideas y forjamos mucho de nuestra persona, podríamos empezar por analizar que estuvo mal dentro de sus núcleos familiares y a su vez como la educación generacional que arrastra esta familia y que indudablemente permeará en la persona, pudo haber influido.

También esta lo que se vive en la esfera educativa y los vínculos que se forman durante esta etapa, la relación de la persona con sus compañeros y profesores, el aspecto conductual y emocional que puede darnos mucha información desde la infancia. Pero sin ir necesariamente más allá podemos concluir que en efecto es un proceso en cadena de pequeños fallos durante el desarrollo de una persona en el cual estamos involucrados como sociedad, la cultura, el contexto, los hábitos, la información, los medios de comunicación, los mensajes de violencia que validamos y replicamos de forma tanto inconsciente como consciente. ¿Entonces que mensajes debió recibir una persona a lo largo de su vida, o que situaciones enfrento que le llevarán a ser hoy en día un agresor?

Todos nos volvemos un poco culpables cuando hacemos u omitimos, cuando puedo escuchar a alguien que lo necesita y no lo hago, cuando percibo que algún compañero de escuela o trabajo es o se siente aislado y no busco acercarme o incluirlo, cuando veo una situación de abuso y no me acerco a ayudar o incluso cuando realizo o valido cualquier tipo de abuso hacia otra persona.

A estas alturas se que podrán pensar que pasa con el tema económico, que hay de las personas que ven en la trata, el secuestro, la extorsión o los asaltos una forma de sustento. ¿En ese tema aún sigue siendo responsable la sociedad?, y la respuesta para mi seguiría siendo sí. Creo que todo argumento que trate de llegar a los orígenes de la violencia indudablemente tendrá que atravesar por el factor social.

Cuando una persona recibe los mensajes correctos y el aliento indicado sumándole a esto el acompañamiento, apoyo y cariño de su entorno, aún cuando la vida le presente algunas dificultades de cualquier índole que estas sean (económicas, personales, emocionales, etc.) se reconocerá respaldado y con la capacidad necesaria para hacerles frente del modo correcto. No buscará dañar a otros para obtener un fin, cualquiera que este sea. Una persona con principios, valores y humanidad no renunciará a estos ante las adversidades, buscará antes algún otro camino y como ejemplo podríamos fijar nuestra vista a quienes se vuelven emprendedores e incluso innovadores en el tema económico.

También es cierto que el tema no termina ahí, puesto que no podemos excluir de la ecuación el papel de la seguridad pública. Si bien en estos días su credibilidad es baja por no decir nula, se vuelve trascendente para cualquier gobierno el análisis, la reestructura, capacitación y planeación que permita o garantice cierto grado de tranquilidad social. Y aquí también podríamos abonar al exigir como sociedad que este proceso realmente se materialice.

 Se muy bien que puede sonar utópico el querer crear una atmósfera de convivencia perfecta, pero también se que hay muchas personas que estamos cansadas de este ciclo de violencia que cada día nos rebasa más, que estamos hartos de las malas noticias y del miedo. Que sabemos muy bien que las cosas no tendrían que ser así, que todos los padres merecen criar a sus hijos con amor y la esperanza de poder ver como el futuro los abraza y les pinta una vida mejor de la que ellos pudieran tener. Y si el camino para lograrlo es empezar desde uno mismo, desde su familia y llevarlo a su vez a cualquier esfera en la que pueda impactar, con gusto seré la persona que te escuche, que te integre, que te acompañe y que te apoye, porque deseo tanto como tu y esos padres que todos podamos regresar a casa, que las familias trasciendan en amor a través de la vida de sus hijos y los hijos de sus hijos creando una sociedad funcional y armónica.

Coraima LeuraCoraima Leura

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