La política de los principios

Columna "A través de la Metamorfosis" de Coraima Leura para PoliticArte
Centro SLP

“Es muy difícil hacer compatibles la política y la moral”

-Francis Bacon

Como Bacon muchas de las personas en la actualidad ven difícil y muchas veces imposible esta compatibilidad, la política se ha vuelto un tema en el que la mayoría de los ciudadanos se sienten confiados al emitir una opinión, sean expertos o no.  Se ha vuelto un tema del que todos como ciudadanos logramos apropiarnos con naturalidad, y en el contexto mexicano no solo emitimos con naturalidad estas opiniones, sino que también las dotamos con un alto grado de certeza.

Todos estamos seguros de lo que afirmamos o lo que negamos en la materia, y los sistemas de partidos han sido un aliciente para los debates que alimentan este tema, desde los tranquilos hasta los más eufóricos, ya que dota a las personas de ese sentido de respaldo en el que cada uno cree que mientras más personas apoyen su idea, su partido, un camino o una perspectiva esta se vuelve inapelable.

Pero en el sentido particular de lo que refiere la conjugación de los principios morales con la política, la mayoría se inclinaría sin duda al escepticismo. Y puede deberse a lo que por obviedad la ciudadanía ha percibido a lo largo del tiempo de sus representantes, a la fragilidad que han mostrado frente a la corrupción, a los escándalos y a la marcada deshumanización que muestran con su falta de empatía o interés genuino en la protección del bien común.

Muchos de los principios con los que se fundaban los primeros partidos políticos han pasado a ser simplemente algo para enmarcar dentro de las instituciones, o una hoja más que agregar a su historia. Porque, aunque no se reconozca, los principios dejaron de tener el protagonismo histórico que empujaba a líderes sociales por un cambio, lo mismo que los principios propios de dichos líderes.

Francis Herbert Bradley solía pensar que “Para la política el hombre es un medio, para la moral es un fin” y en este sentido habría que entender que el hombre se vuelve un instrumento de la política, mientras que en la moral la construcción humana es el objetivo y fin. La diferencia en la que se posiciona desde ser un objeto de uso a ser un propósito es demasiado marcada. Y vale mucho la pena su análisis ya que en base a este podremos concluir si es posible fusionar ambas cosas, a pesar de la diferencia en la que ubica al hombre.

Puesto que desde el enfoque de Tomás Moro “El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral”, sin embargo y objetando la idea de Moro creo que el hombre si puede separarse de Dios y la política también puede alejarse de la moral, aunque vale la pena entender la diferencia entre el poder y el deber. Porque recordemos que el hecho de que una cosa sea posible no es sinónimo de que deba ser así. Pues lo que puede darse no siempre es lo ideal o lo correcto.

Y regresando a la idea principal ¿es posible entonces la existencia de una política de principios? Mi respuesta es sí, pero no solo es posible es necesaria, y siendo honestos además de eso es urgente. La política en nuestro país nació dotada de propósito moral y de justicia, es por eso que movió a grandes masas, porque se compartía una visión, un deseo que anteponía los deseos de unos cuantos, a las necesidades de todos, lo cual la mostraba libre de egoísmos, empática y solidaria. Los discursos de los grandes lideres eran motivacionales y convincentes, porque sus fines estaban impregnados de moralidad. Entonces podemos deducir que no solo es posible, sino que también es funcional.

Todo lo que ha hecho grande a la política mexicana a través de los años, han sido sus principios morales e históricos. Los principios no son decorativos, tienen un propósito, dotan de valor todo lo que se basa en ellos, cualquier cosa que se haga sin principios se vuelve hueca, las acciones, las palabras, las ideas. Son la base de toda sociedad, ya que marcan un camino funcional para el logro de una convivencia armónica y no deberían ser subestimados o separados del escenario político.

Pero ¿Cómo logramos entonces volver a dotar a la política de principios?

Se que puede parecer complejo al igual que muchos de los temas más sensibles y delicados que enfrenta nuestro panorama situacional, y demasiado aventurado pretender solucionarlo en un abrir y cerrar de ojos, sin embargo, creo justo que comencemos a evaluar nuestra participación política y el impacto que puede tener en nuestras vidas y las de los demás.

Frecuentemente nos quejamos de la cuestionable ética de nuestros representantes y funcionarios públicos, pero del mismo modo que nos parece inaceptable la corrupción formamos parte de ella, cada que esperamos librarnos de alguna infracción aun en conocimiento de nuestra responsabilidad, al evadir nuestros impuestos, o no ser responsables con los pagos de los servicios, pero si quejarnos inmediatamente cuando se da un problema con ellos. Cuando nos molestamos por resultados electorales de los cuales decidimos no ser parte y la lista podría continuar, entonces ¿parece congruente exigir principios morales de nuestros representantes, cuando no hemos empezado siquiera por nosotros?

Todo cambio toma un tiempo y reclama un costo, involucra voluntades y compromiso. Los principios políticos están ahí, enmarcados en la historia de nuestros partidos, en los ideales de nuestros personajes, en la trascendencia y evolución de nuestro sistema de gobierno, en su mejora continua y su adaptabilidad para el futuro, y ya es justo desempolvarlos y trabajarlos, para darle valor nuevamente a nuestra política.

Coraima LeuraCoraima Leura
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