Sor Juana Inés de la Cruz: una precursora del feminismo.

Sor Juana Inés de la Cruz: la décima musa y una mujer adelantada a su época. Conoce su vida, su obra y su legado en este artículo de Jonathan Chávez, dondé analiza cómo fue una de las mejores escritoras de la literatura universal.

PolitizArte 01 de agosto de 2023 Jonathan Chávez Nava
Sor Juana Inés de la Cruz. Ilustración de PoliticArt
Sor Juana Inés de la Cruz. Ilustración de PoliticArte

A lo largo de la historia universal, nos han acompañado un sinfín de mujeres que se han adelantado a su tiempo y han impulsado paradigmas que han transformado a la sociedad en su conjunto. Diversos ámbitos de nuestra vida en sociedad han dado un giro radical gracias a las aportaciones de todas ellas.

Sin embargo, estos cambios no han sido fáciles. La lucha que han emprendido ha sido dura, difícil y desgastante, pero han librado una férrea batalla, sacrificando tiempo, esfuerzo y muchas veces la vida para que sus ideas, propuestas y pensamientos penetren en la idiosincrasia de su entorno social.

Mujeres que han incursionado en la política, sin importar su ideología, como Margaret Thatcher, primera ministra de Reino Unido y la primera en asumir ese cargo, quien sentó las bases del sistema económico mundial como lo conocemos ahora, o Indira Gandhi, quien fue primera ministra de la India y que es una de las constructoras de la potencia mundial en que se ha convertido este país, han tenido que luchar contracorriente en sociedades conservadoras controladas por los hombres o en sociedades organizadas a través de sistemas de castas que ponen al hombre por encima de la mujer y que hacen sumamente complicado acceder a cargos públicos si no es a base de lucha, trabajo y sacrificios.

Pero no solo en el mundo político las mujeres se han podido abrir camino. Escritoras de todos los tiempos han tenido que salir avante contra viento y marea para poder lograr tener un lugar en la historia universal, en épocas en que era por demás complicado poder escribir y, no se diga, publicar. Tan es así, que en diversas ocasiones tuvieron que suscribir sus obras con seudónimos, por supuesto masculinos.

En este sentido, podríamos hablar de las hermanas Brontë, autoras de obras como Jane Eyre y Cumbres Borrascosas, quienes se vieron obligadas a publicar con nombres masculinos para evitar el escarnio público, o Mary Shelley, quien tuvo que sacar a luz su obra anónimamente, generando que durante mucho tiempo los lectores creyeran que “El Moderno Prometeo”, mejor conocido como el Doctor Frankenstein, había sido escrito por Percy Shelley, su esposo. Todo debido a las críticas sociales que representaba que una mujer se atreviera a escribir. Pero a esta autora en particular, su madre, Mary Wollstonecraft, autora de “La Vindicación de los Derechos de la Mujer”, le heredaría ese fuego interior para luchar contra toda dificultad que la sociedad le impusiera y finalmente le fue reconocida la autoría de este clásico de la novela gótica.

En épocas más recientes, escritoras de todos los géneros tuvieron que sortear diversas barreras impuestas por el ámbito literario y académico masculino. Al ser obligadas a luchar contra ese control radical, tuvieron que salir adelante y se empezaron a colocar en el gusto de los lectores. Como ejemplos podemos mencionar a la escritora y teórica política alemana Hannah Arendt, quien se convirtió en una de las mayores expertas sobre autoritarismo y los distintos nacionalismos de mediados del siglo XX, o a Simone de Beauvoir, la filósofa, activista y escritora francesa que escribió la obra “El segundo sexo”, que se considera fundamental en la historia del feminismo y que fue escrita en una época en donde los grandes filósofos como Albert Camus o Jean Paul Sartre, su pareja sentimental, controlaban la filosofía durante la Guerra Fría y en donde las mujeres no eran debidamente valoradas por el mundo literario.

Frases para el 8m 2023. Edith Stein y Hanna Arendt. Ilustración de Pablo Cid para PolíticArteFrases de Edith Stein y Hannah Arendt sobre la Mujer

De igual manera, en el mundo de la ciencia, las mujeres han tenido que luchar y algunas incluso dar la vida por realizar sus sueños. Tristemente este grave fenómeno se ha dado desde la antigüedad hasta la edad moderna.

Podríamos mencionar a Hipatia, científica y filósofa griega que vivió en Alejandría en el siglo IV d.C., una de las primeras matemáticas de la historia y quien realizó estudios sobre astronomía, geometría, álgebra y otras disciplinas afines. Ella fue asesinada por una turba de fanáticos religiosos que no estaban de acuerdo con sus ideas. Marie Curie fue una científica y química polaca de inicios del siglo XX, la primera en ganar dos Premios Nobel en distintas disciplinas: física y química. Tuvo que sortear diversos obstáculos por su condición de mujer, no solo en el ámbito científico, sino en todo el sistema social en el que vivió. Y a pesar de todos los obstáculos impuestos, tuvo el valor y la fuerza de convertirse en una de las mejores científicas de todos los tiempos a pesar de desarrollarse en una rama muy cerrada y controlada por el género masculino.

La décima musa y sus antecesoras:

Artemisia Gentileschi, Élisabeth Vigée Le Brun, Berthe Morisot, Mary Cassatt, Frida Kahlo, Remedios Varo o Leonora Carrington, entre muchas otras pintoras reconocidas, vivieron en distintas épocas y lucharon, en primer lugar, contra el sistema social y político que iba desde monarquías, democracias, autoritarismos e incluso gobiernos postrevolucionarios, que implantaban un techo de cristal para ellas, y, en segundo lugar, contra el machismo de ciertos pintores que simplemente establecían un sistema de bloqueo en el cual la apreciación del arte se basaba en valores subjetivos y no en el talento nato de estas artistas. Así, se vieron obligadas a luchar contra sus propios colegas para poder ganarse un lugar en el mundo artístico.

En la zona de los volcanes, Amecameca, Estado de México, en una hacienda de nombre Panoaya transcurría el día 12 de noviembre de 1648 cuando nació una niña prodigio, un diamante en bruto que sería pulido a través de múltiples lecturas, estudios y discusiones con doctos en diversas materias: Sor Juana Inés de la Cruz.

La biografía más completa y a la vez más cercana a la época en la que vivió Sor Juana, también llamada Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana o Juana de Asbaje, llega a nosotros a través de la obra “Vida” de Diego Calleja, quien la publica en el año de 1700 y en donde nos narra prácticamente de primera mano la vida de nuestra escritora y religiosa jerónima.

El estilo literario de sor Juana fue predominantemente barroco y se enmarca a finales de la Edad de Oro de la Literatura Novohispana, en donde las obras de escritores de la talla de Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca o Francisco de Quevedo dominaban el gusto de los lectores y donde las mujeres prácticamente no escribían por todo un sistema de convenciones sociales, mediante los cuales toda aquella mujer que echaba a andar su intelecto era severamente juzgada y criticada como libertina u otros adjetivos semejantes.

El nivel intelectual de Sor Juana está en una escala muy alta. Su forma de escribir, su forma de construir sus poemas, la forma en que transmite su pasión espiritual hacia la religión es algo que no se lee muy a menudo. Su manejo de la teología y sobre todo de la mitología antigua es extraordinario, lo cual fue utilizado para enriquecer la mayoría de sus obras. Como consecuencia, fue reconocida por el mundo académico de la época como una de las mejores escritoras, filósofas y teólogas.

Una niña prodigio en la corte virreinal: 

Jorge Sánchez Hernández La niña de Nepantla, ca. 1980, Serie de retratos de sor Juana Inés de la Cruz, óleo sobre tela, colección particular, exhibida en Las Bodegas del Molino, Puebla, México
Jorge Sánchez Hernández La niña de Nepantla, ca. 1980, Serie de retratos de sor Juana Inés de la Cruz, óleo sobre tela, colección particular, exhibida en Las Bodegas del Molino, Puebla, México

Increíblemente, aprendió a leer y escribir a los 3 años, como ella misma lo narra en algunos de sus escritos, gracias a su gran curiosidad y sobre todo su necesidad mental de aprender más sobre el mundo. Desde sus primeros años se comprometió con el universo intelectual, dando como resultado la exigencia a su madre, Isabel Ramírez de Santillana, para que fuera inscrita en la Universidad y así seguir con su camino hacia el descubrimiento de nuevos conocimientos. Incluso propuso disfrazarse de hombre para poder acceder a un lugar dentro del espacio universitario. Sin embargo, ante la negativa de su familia y la de su padre, el capitán español Pedro Manuel de Asbaje, tuvo que conformarse con recorrer en su totalidad la vasta biblioteca de su abuelo, Pedro Ramírez de Santillana, lo que le dio un bagaje de conocimiento que le serviría durante toda su vida.

“Teniendo yo después como seis o siete años, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, oí decir que había Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar a mi madre con instantes e importunos ruegos sobre que, mudándome el traje, me enviase a Méjico, en casa de unos deudos que tenía, para estudiar y cursar la Universidad; ella no lo quiso hacer, e hizo muy bien, pero yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tenía mi abuelo,…”.

Era tal su curiosidad y necesidad de aprender cada día más, que de primera mano nos narra cómo se prohibía a sí misma el comer queso, ya que en esa época existía la creencia de que debilitaba el intelecto:

“Acuérdome que en estos tiempos, siendo mi golosina la que es ordinaria en aquella edad, me abstenía de comer queso, porque oí decir que hacía rudos, y podía conmigo más el deseo de saber que el de comer, siendo éste tan poderoso en los niños.”

Incluso a costa de su belleza llegó a imponerse una especie de castigo o penitencia. Ya que si ella consideraba que no tenía la capacidad de aprender ciertas lecciones en determinado tiempo autoimpuesto por ella misma, se daba a la tarea de cortarse el cabello hasta que aprendiera lo que ella se había propuesto:

“Empecé a deprender gramática, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres --y más en tan florida juventud-- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa que me había propuesto deprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno.”

Octavio Paz es, sin lugar a dudas, el más reconocido escritor mexicano. Tan es así que en 1990 recibió el Premio Nobel de Literatura por su vasta obra literaria. Entre todos sus libros destaca “Sor Juana Inés de la Cruz y las trampas de la fe”, libro que nos traslada al siglo en que nuestra musa desarrolló su obra intelectual y nos narra las peripecias que tuvo que sortear para expresar sus ideas, que a la postre son consideradas un paradigma en la participación de las mujeres en el mundo literario e intelectual. Y quien sobre esta etapa temprana de la religiosa nos dice:

“Niña solitaria, niña que juega sola, niña que se pierde en sí misma. Sobre todo: niña curiosa. Ese fue su signo y su sino: la curiosidad. Curiosa del mundo y curiosa de sí misma, de lo que pasa en el mundo y de lo que pasa dentro de ella. La curiosidad pronto se transformó en pasión intelectual: el ¿qué es? y el ¿cómo es? fueron preguntas que se repitió toda su vida.”

En los años que transcurren de 1663 a 1665 fue enviada a la Ciudad de México a vivir con Juan de Mata y María Ramírez, hermana de su madre, quienes gracias a sus contactos con la clase dominante de la época lograron que la niña se integrara a la corte de la virreina Leonor de Carreto, a quien le dedicó diversos escritos y quien la ayudó para que acrecentara sus conocimientos, ya que desde el primer momento en que ingresó en este círculo social fue reconocida por su notable inteligencia y erudición.

Ingreso al convento:

Sor Juana Inés de la Cruz. Óleo sobre madera de Miguel Cabrera.
Sor Juana Inés de la Cruz. Óleo sobre madera de Miguel Cabrera.

Fue en el año de 1667 cuando decide ingresar a la orden religiosa conocida como “Las Carmelitas Descalzas” y se recluye por voluntad propia en el convento de Santa Teresa la Antigua. En donde luego de vivir de una manera sumamente estricta y en donde se dio cuenta de que no podría continuar leyendo y escribiendo, decide retirarse e incorporarse en 1669 al Templo de San Jerónimo, en donde pasaría el resto de sus días con la libertad de seguir llevando una vida intelectual.

Se ha discutido bastante del porqué de la decisión de Sor Juana de entrar a un convento. Durante muchos años se ha pretendido hacer creer que tomó esa decisión por un amor mal correspondido y que su ingreso a la vida monástica era para escapar de esa decepción amorosa, lo que refleja cierta condescendencia y nos hace ver que ciertos analistas sugieren que fue una aparente debilidad de nuestra autora. Sin embargo, ella misma nos aclara:

“… yo no tengo vocación para el matrimonio y a mí me gustaría vivir en soledad, no tener nada de ruido ni contacto con ninguna comunidad, pero los doctos me han convencido de que lo más decente para mi salvación es entrar al convento.”

Octavio Paz vio más allá y nos dice que la decisión de Sor Juana no viene de un desliz pasional o de una pasión religiosa, sino que por su época no podía ser tratada como soltera ni casada letrada, pero sí podría ser una monja letrada, lo que le permitiría ser aceptada e incluida en los cánones que marcaba la sociedad de la época.

Sus obras maestras: 

A lo largo de su vida, Juana de Asbaje escribió obras como “Primero sueño”, “Los empeños de una casa”, “Amor es más laberinto”, “Carta Atenagórica”, “El mártir del sacramento”, “El cetro de José”, “El divino Narciso”, “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, “La segunda Celestina”, entre muchas otras, que por razones de espacio no podré mencionar en su totalidad.

En estas obras sobresale el tema amoroso y el papel que juega la mujer en el mismo. Contrario a lo que se veía en la literatura de la época por los convencionalismos y la sujeción de la mujer con el hombre, que limitaban su actuación en todos los sentidos, pone por encima al género femenino y reivindica su fuerza, su valor y su virtud. Mostrando siempre a las mujeres inteligentes, con valores, con virtudes, con fortaleza, quienes son capaces de tomar el mando de su destino, tomar sus propias decisiones y decidir qué hacer sin que el hombre les marque su futuro.

De igual manera, Sor Juana maneja la teología antigua de manera magistral, demostrando sus dotes de erudición obtenidos durante toda su vida, de sus lecturas y de las tertulias intelectuales a las que era invitada y que se realizaban en la corte cuando apenas era adolescente. De igual manera tiene un dominio excepcional de la historia católica, lo que le permitió escribir desde Autos Sacramentales hasta loas y villancicos por encargo de sus superiores.

Además de la escritura, y por lo que también es conocida como la Décima Musa”, la religiosa se dedicó a componer música, estudió historia, astronomía, lógica, física, arquitectura, humanidades. Leyó las grandes obras de la literatura griega, entre otras disciplinas que le dieron el bagaje intelectual con el que se puso a la altura de los más doctos de su época.

El misterio de su silencio:

Pero llegaría uno de los días más amargos para la literatura de nuestro país. Y es aquel en el que Sor Juana Inés de la Cruz decide que no escribirá más luego de una polémica que se desató con el obispo de Puebla Manuel Fernández de la Cruz. Esta controversia entre los dos religiosos se suscita debido a que Sor Juana en su Carta atenagórica había puesto en entredicho un sermón llamado “Del Mandato” que versaba sobre algunas cuestiones sobre Cristo del reconocido jesuita Antonio Viera.

No conforme con su contenido, el obispo poblano se da a la tarea de responderle a la monja a través de su “Carta de Sor Filotea de la Cruz”. Pero no se apegó únicamente al tema teológico, sino que su ataque fue dirigido directamente a la persona. A quien le recomendó retirarse de la vida intelectual, ya no escribir y no meterse en asuntos teológicos. Ya que en esos tiempos este tipo de disertaciones estaban reservadas a los hombres.

Es entonces cuando nuestra intelectual le responde al obispo en su “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”. En donde una explosión espiritual e intelectual llega a Sor Juana. Quien responde de una manera contundente y precisa a los cuestionamientos y ataques personales por parte de su superior jerárquico. Reivindicando el derecho de toda mujer a estudiar, leer y disertar sobre cualquier tema que fuera de su agrado sin temor a la censura y a la crítica. De las que pudieran ser sujetas. Dando un ejemplo de dignidad y fortaleza para defender lo que pensaba y creía. Porque para ella el conocimiento “no solo es lícito, sino provechoso”.

En esta bella respuesta, nuestra escritora nos deja diversos datos biográficos de primera mano, mediante los cuales podemos conocer más a fondo su vida. Pero sobre todo su esfuerzo y lucha para salir avante en una época en donde el hombre tenía la facultad y derecho exclusivo de expresar y, sobre todo, escribir sus ideas. Mientras la mujer estaba destinada a las labores del hogar o a vivir encerrada en algún convento. Además de lo anterior, esta carta es un ejemplo vivo de la prosa y la manera de escribir de Sor Juana, lo que la hace una de las mejores escritoras de la literatura, no solo novohispana, sino universal.

Hoy en día aún no se sabe a ciencia cierta las razones por las que nuestra escritora tomó la decisión de abandonar el mundo de las letras. Muchos autores han sacado diversas conclusiones al respecto. Sin embargo, nadie sabrá lo que pensaba la religiosa.

Lo que es una realidad es que toma su decisión poco tiempo después de que se suscitara la controversia antes mencionada. Lo que nos hace pensar que fue víctima de censura, ya sea autoinfligida o impuesta por los poderes religiosos de la época. Que en varias ocasiones fueron acusados de tener conductas misóginas en contra de las mujeres que ellos consideraban libertinas. Sin embargo, los creyentes que profesan la religión católica creen que su retiro en 1693 fue por obedecer un llamado espiritual. Que hizo que se dedicara exclusivamente a Cristo y mencionan como prueba la renovación de sus votos religiosos en 1694.

Este hecho nos recuerda lo que han vivido muchas autoras que han sido perseguidas por diversos regímenes de todo tipo de ideología política, por todo tipo de religión y por todo tipo de sistema económico o social. Solo por el hecho de pensar distinto. Solo por poner algunos ejemplos podríamos hablar de Rosa Luxemburgo, quien luego de publicar diversas obras políticas contra del régimen de la época fue asesinada por nacionalistas alemanes. Anna Ajmátova, considerada una de las mejores poetas de todos los tiempos.

Quien fue perseguida, sus amigos y esposo asesinados y censurada permanentemente por Joseph Stalin durante décadas por escribir libremente. O en la actualidad la Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, nacida en Bielorrusia. Quien está siendo perseguida por el presidente Aleksandr Lukashenko luego de escribir diversos artículos que criticaban a su régimen. O Asli Erdogan, autora de siete novelas y de artículos críticos contra el régimen. Que fue encarcelada en Turquía por instrucciones del presidente Recep Tayyip Erdogan semanas después de un intento fallido golpe de estado en su contra. Afortunadamente hoy se encuentra libre pero exiliada en Alemania.

Volviendo con nuestra heroína, algunos especialistas han comentado que fue su confesor Antonio Núñez de Miranda quien la convenció para que vendiera sus libros, herramientas de trabajo e incluso sus instrumentos musicales y se retirara al convento. Pero recientemente se ha descubierto un documento en el cual queda claro que ella encargó realizar la venta con el objetivo de ayudar a los pobres. Se trata del testamento de un amigo cercano de nombre José de Lombeya quien narra cómo la religiosa le hizo aquel importante encargo. Dejando aún más interrogantes sobre su desafortunado retiro.

Mircea Eliade, uno de los grandes teólogos y especialistas sobre la historia de las religiones, en su obra “Lo sagrado y lo profano” nos dice que:

 “Desde este momento se comprende por qué la iglesia participa de un espacio radicalmente distinto al de las aglomeraciones humanas que la circundan. En el interior del recinto sagrado queda trascendido el mundo profano. En los niveles más arcaicos de cultura esta posibilidad de trascendencia se expresa por las diferentes imágenes de una abertura: allí, en el recinto sagrado, se hace posible la comunicación con los dioses; por consiguiente, debe existir una «puerta» hacia lo alto por la que puedan los dioses descender a la Tierra y subir el hombre simbólicamente al Cielo. Hemos de ver en seguida que tal ha sido el caso de múltiples religiones. El templo constituye, propiamente hablando, una «abertura» hacia lo alto y asegura la comunicación con el mundo de los dioses.”

Su legado para las mujeres de hoy:

Lo que me lleva a reflexionar si aquella monja que había entregado su vida al conocimiento y a la escritura, pero también al servicio de su iglesia, pudo haber tomado la decisión radical no solo de vivir en soledad para allegarse de más saberes, sino que en su espacio interior reflexionó y decidió comunicarse por el resto de su vida con Dios desde ese espacio de espiritualidad que es el convento donde se autorecluyó.

Lo que es una realidad es que Sor Juana se retira de la literatura dejando un gran vacío que hasta el momento no se ha podido llenar y nos recuerda a diversos autores que se han ido en el momento cumbre de su carrera. Entre los que podríamos destacar a J.D. Salinger, que luego del éxito de su novela “El guardián entre el centeno” no volvió a escribir obra alguna. O al gran Juan Rulfo, que luego de escribir sus tres obras por las que lo identificamos “El llano en llamas”, “Pedro Páramo” y “El gallo de oro” también dejó de escribir. Ambos dejando a sus lectores en vilo y con ansias de seguir leyendo sus letras.

Sor Juana Inés de la Cruz fallece el 17 de abril de 1695 debido a una epidemia que sacudió a toda la ciudad. Pero sobre todo golpeó a un sinnúmero de conventos que tenían hacinadas a las religiosas. Durante la emergencia y hasta los últimos días de su vida, nuestra escritora se dedicó a cuidar y atender a sus compañeras hasta que ella misma cayó contagiada y ya no pudo levantarse. Dejando este mundo para siempre. Siendo no solo una pérdida de una intelectual, sino que nuestro país sufrió la pérdida de un gran ser humano.

Sor Juana nos deja un legado de fuerza, acción, amor por el conocimiento, de pasión por las letras, de erudición adquirida a base de esfuerzo y dignidad. Hoy la recordamos por ser una mujer valiente, que se enfrentó contra los dictados de la época. En donde la mujer no podía acceder a las mismas oportunidades que los hombres y menos a los mismos conocimientos. Y su esfuerzo fue aún mayor, ya que lo hizo desde dentro de una institución muy conservadora. Una institución en donde no podías conocer más allá de lo que había dentro de sus puertas. Sin embargo, gracias a la fortaleza de esta religiosa muchas mujeres que la sucedieron se abrieron paso al aprendizaje. Mismo que para Juana de Asbaje no tenía un interés más allá que el saber más:

“… yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposición malsonante o torcer la genuina inteligencia de algún lugar. Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos. Así lo respondo y así lo siento.”

La literatura y el servicio a su religión muchas veces chocaron. Muchas veces pudieran parecer incongruentes sus acciones con sus ideas. Pero creo que para Sor Juana su escritura fue una forma de espiritualidad. El acceso a diversos conocimientos para ella era sagrado y una forma de acercarse más a Dios. Como en siglos antes lo habían hecho Santo Tomás de Aquino o San Agustín.

Por ello su lucha incansable por su libertad para expresar sus ideas. Por eso su gran legado para las mujeres de hoy. Por eso es un ejemplo de esfuerzo, esmero y dedicación a defender el papel de la mujer en la sociedad. Por eso el gran reconocimiento de todas las mujeres que ella encontró en sus lecturas e investigaciones y que menciona de manera magistral en sus escritos. Y con lo cual cerramos este pequeño ensayo sobre una de las figuras más grandes de la literatura universal:

“Si revuelvo a los gentiles, lo primero que encuentro es con las Sibilas, elegidas de Dios para profetizar los principales misterios de nuestra Fe; y en tan doctos y elegantes versos que suspenden la admiración. Veo adorar por diosa de las ciencias a una mujer como Minerva, hija del primer Júpiter y maestra de toda la sabiduría de Atenas. Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su marido, a escribir la gran Batalla Farsálica. Veo a la hija del divino Tiresias, más docta que su padre. Veo a una Cenobia, reina de los Palmirenos, tan sabia como valerosa. A una Arete, hija de Aristipo, doctísima. A una Nicostrata, inventora de las letras latinas y eruditísima en las griegas. A una Aspasia Milesia que enseñó filosofía y retórica y fue maestra del filósofo Pericles. A una Hipasia que enseñó astrología y leyó mucho tiempo en Alejandría. A una Leoncia, griega, que escribió contra el filósofo Teofrasto y le convenció. A una Jucia, a una Corina, a una Cornelia; y en fin a toda la gran turba de las que merecieron nombres, ya de griegas, ya de musas, ya de pitonisas; pues todas no fueron más que mujeres doctas, tenidas y celebradas y también veneradas de la antigüedad por tales. Sin otras infinitas, de que están los libros llenos, pues veo aquella egipcíaca Catarina, leyendo y convenciendo todas las sabidurías de los sabios de Egipto. Veo una Gertrudis leer, escribir y enseñar. Y para no buscar ejemplos fuera de casa, veo una santísima madre mía, Paula, docta en las lenguas hebrea, griega y latina y aptísima para interpretar las Escrituras.”

Hoy en día, millones de mujeres luchan a diario en los diversos entornos en los que desarrollan su vida. Ya sea en el ámbito familiar, académico, social, político o en cualquier lugar donde participen. Desafortunadamente, en la actualidad los techos de cristal que se les han impuesto están cada día más fuertes y requieren de un esfuerzo mayúsculo para poder romperlos. Sin embargo, la fortaleza con la que han actuado hará que salgan adelante. Desde Rosa Parks y su lucha por los derechos civiles en los años sesenta en los Estados Unidos hasta Malala Yousafzai en la actualidad y su batalla por los derechos de las niñas en un estado ultraconservador como Pakistán. Las mujeres han demostrado que con su fuerza seguirán generando paradigmas y con ello construirán una sociedad mejor.

BIBLIOGRAFÍA.

  • ALATORRE, Antonio, Sor Juana a través de los siglos, México, El Colegio de México, 2007.
  • CHÁVEZ, Ezequiel, Sor Juana Inés de la Cruz: ensayo de psicología, México, Porrúa, 1970. ISBN 970- 07-2654-1.
  • DE LA CRUZ, Sor Juana, Los empeños de una casa/Amor es más laberinto, García Valdés, Madrid, 2010.
  • DE LA CRUZ, Sor Juana: Respuesta de la poetisa a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz, UNAM, 2012.
  • NERVO, Amado, Juana de Asbaje, 1910.
  • PAZ, Octavio, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, Fondo de Cultura Económica, 1982.
  • PÉREZ WALKER, María Luisa. Antología de Sor Juana Inés de la Cruz. México, Editorial Universitaria, 1993.
  • SALAZAR MALLÉN, Rubén, Apuntes para una biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, México, UNAM, 1978.
  • XIRAU, Ramón, Genio y figura de Sor Juana Inés de la Cruz, México, El Colegio Nacional, 1997.
  • https://es.wikipedia.org/w/index.php? title=Juana_Inés_de_la_Cruz&oldid=148524 717»

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