Al día siguiente

HumanizArte 19 de octubre de 2020 Por Cristina Guzman
mi  corazón se hizo chiquito, y después de sentir dolor me sentí por primera vez tan afortunada después de ese diagnóstico… mi hija estaba sana, era feliz… solo no podía escuchar…
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Desperté de repente, aun no amanecía … las últimas noches me habían parecido tan largas, sin poder conciliar el sueño, dando vueltas en la cama, observando el techo y nuevamente preguntando una y mil veces: ¿por qué? ...necesitaba un descanso reparador… pero esa madrugada el cambio de temperatura me escupió de la cama … baje mis pies y toque el piso frio sintiendo como me helaba desde el dedo chiquito hasta los hombros, toque  mis brazos y era imposible no sentir la piel “chinita”, mas ya me era tan familiar y no era por el frio, era por traer nuevamente a mi mente esa voz estruendosa en mi cabeza… “su hija no escucha”.

Me acerque a su cama para verla, para tocarla… dormía haciendo gestos, acaricie su cabello, luego sus mejillas… y la pude sentir algo fría, que ganas de cargarla y abrazarla, mas no quise ser imprudente, fui por un cobertor de esos que recibió como regalo previos a su llegada, la cubrí y la acaricie por largo rato, de pronto dejo de hacer gestos, ya se sentía calientita y hasta parecía que me sonreía con un “gracias mami, tenía frio”… ¿sería que ella “me llamo de mi sueño” para que la cobijara? ¿será esto el tan famoso instinto maternal que te hace saber cuando tu pequeño tiene alguna necesidad?... ya no dormí… nuevamente las mil y una ideas recorrían mi cabeza.

Bajé la escalera y me senté en el sillón… ¿por qué Señor? Pensaba… por qué después de este año lleno de pruebas pareciera ser que me dices, ¿te quisiste hacer la valiente, la puedo con todo? Toma… esta si es una prueba…limpié mis lágrimas y me dirigí a bañarme y cambiarme, ya pronto comenzaba la rutina diaria y después de dejarla encargada, tenia que ir a trabajar.

Recuerdo bien que por la tarde tendríamos cita para que revisaran sus auxiliares auditivos, por lo que al terminar la jornada laboral nos dirigimos junto con sus abuelos a que les hicieran mantenimiento. Marijo tenia ya casi el año tres meses y aun no caminaba, además de la adaptación diaria a esta nueva condición en nuestra vida, era recurrente escuchar de esas voces “bien intencionadas” preguntas como: ¿aun gatea? de seguro que no la pones a que se agarre de los sillones para que se anime a caminar… ¿se cayó verdad?, quizá eso la asusto…. su primita camino al año justo… ¿no tendrá algún otro problema que le impida caminar? Si la gente supiera que a veces algún comentario de estos resulta tan doloroso…. 

Nos sentamos afuera del consultorio mientras su abuelita hacia unas compras en el local de al lado, cuando de pronto y de la nada, no solo camino, sino que corrió … me vio y se dirigió hacia mi… sentí de pronto que ella lograría todo lo que se propusiera en su vida y que mi trabajo era no llenarla de miedo, sino impulsarla a dar el máximo y que cuando olvidase lo maravillosa que es, me tuviera para recordárselo.

Al día siguiente, nos dirigimos al Centro de Educación Especial, pues mi intención era juntar todas las herramientas y proporcionárselas, que en su mamá no quedase el: pude haberla apoyado más…. Llegamos muy temprano y entre fichas y filas, se le pudo generar un expediente, pasamos a revisión médica, esperando la canalizaran a terapia… ella me veía, me sonreía y mientras esperábamos corría y se carcajeaba de que yo intentara atraparla… era feliz…y yo aún más… después desvié la mirada y me percate de tantos casos tan complejos, de tantos pequeños sin brillo en los ojos, de tantas mamis con angustia en el alma…no pude evitar ver a una pequeña con edad similar a la de la mía, tendida en una especie de silla de ruedas, observando con tristeza a mi niña, mientras esta corría y reía sin parar… mi  corazón se hizo chiquito, y después de sentir dolor me sentí por primera vez tan afortunada después de ese diagnóstico… mi hija estaba sana, era feliz… solo no podía escuchar…

Cuando regresamos a casa me sentí tan apenada de haber cuestionado tanto a la vida, me sensibilice tanto que entendí que algo debía cambiar, ya no me pregunte ¿por qué?, y comprendí el ¿para qué?...

Ella… ella es mi maestra de vida... empeñada en enseñarle a sobrevivir en este mundo caótico, ella me ha enseñado a emocionarme con las cosas simples, con los detalles, en disfrutar cada avance suyo como el mayor logro de mi vida… y si, ella aun no habla la comunicación que entre nosotras existe no se compara con nada, basta con que nos veamos, sonreímos y nos escuchamos con amor, tratando de nuevamente darlo todo al día siguiente… 

Screenshot_20201004-150902UN CAMINO DIFERENTE por Cristina Guzmán
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