¿EN VASO O EN CONO?

Desmetaphora por Tere Carrizales 05 de noviembre de 2020 Por Tere Carrizales
Mi motivo nunca fue amarte, solo quería sobrevivir.
en vaso o en cono-min

Por Tere Carrizales

Al ver tus ojos supe lo que necesitaba para vivir, te enamoré y me amaste, esa misma noche aproveché mi ventaja y con una cuchara te saqué los ojos mientras dormías, los puse cuidadosamente dentro de un frasco transparente previamente acicalado con formol, lo tapé y lo coloqué en la cómoda justo en donde va el espejo. Despertaste en tinieblas, me apresuré a explicar lo sucedido, pero me pediste que te llevará inmediatamente a casa de tus padres, yo no sabía que sentir, te observaba cargando tu ceguera, informando a toda tu familia: 

-       Soy feliz, ya no tengo duda, él me ama, me lo demostró esta madrugada, cuando me tendió una emboscada y me sacó los ojos mientras dormía, ahora sé que está dispuesto a confiar plena y ciegamente en mí, no le importa renunciar a su propia interpretación y desde hoy decidió que sólo será capaz de verse a través de mis ojos.

Oír tanta ternura me conmovió y así pasaron los años, a pesar de, fue inevitable notar como empezaron a formarse abultamientos y cicatrices en los globos oculares extirpados, tu vista se desgastó, se nubló y tuve que confesarte la verdad;

-       Mi motivo nunca fue amarte, solo quería sobrevivir.

No entendías nada y proseguí con mi confesión;

-       Verás, cuando era niño solía hacer varias labores en casa para ayudar a mi madre, desde que papá nos abandonó parecía que me necesitaba constantemente, ella era una mujer buena y justa, como pago a mi esfuerzos, todos los domingos después de misa, de su pecho sacaba dos monedas,  me las daba y yo corría a comprar dos enormes bolas de helado, eso si, siempre en vaso, nunca tuve el coraje para pedirlo en cono, me conformaba sólo con imaginar cómo sería poder comerlo sin la mínima contención, con riesgo de derrame, a lengüetazos, sin protocolos y ante la carencia de todos los buenos modales pero  el sentido común nunca dio oportunidad con su dominical susurrar en mi cabeza; - ¿Para qué arriesgar a tropezar y que caiga al suelo cuando en cono o en vaso el sabor es el mismo?

-       Un domingo mi madre me dio las dos monedas, al cruzar la plaza rumbo a la heladería me interceptó una mujer de acento y facha de forastera, una gitana que viéndome a los ojos me ofreció adivinar mi futuro, a los 9 años tuve que tomar la decisión más importante de mi vida, elegir entre la felicidad cierta o la promesa de lo incierto, y como todo niño escogí lo segundo. Le estiré mi brazo con la palma de mi mano abierta, primero tomó las monedas y tras analizarme entre la línea del amor y de la vida me dijo que al llegar a mi casa cubriera todos los espejos y me advirtió que cuando pretendiera definirme siempre lo hiciera a través de los ojos de alguien más, ya que estaba destinado a morir ahogado dentro del lago de mi propio reflejo. En eso sentí abruptamente a mi madre cuando le arrebató mi mano a la dama llamándola delincuente y farsante mientras me jalaba por la plaza, el regreso a casa fue tortuoso todo pareció un gran pellizco, condenado a tener que decirle cada palabra profética que la pitonisa auguró, al llegar a casa ella misma cubrió los espejos; -No entiendo madre ¿por qué haces eso? si tu misma le llamaste farsante, como respuesta recibí que nunca más me llevaría por helado, tampoco a misa, ni a lugar sagrado que pudiera poner en peligro el secreto de la inmortalidad humana.

Al terminar mi narración te vi sentada a la orilla de la cama, desconcertada, me miraste, bueno no mirarme, tú ya no tenías ojos, aunque se podían sentir, te has puesto de pie, adelantando unos pasos para quedar justo de frente a mí, por instinto traté de ver aquellos hermosos y únicos ojos de color indefinido, no verdes pero tampoco cafés que eran unos dependientes de lo soleado del día, lo confirmé, ahora sólo eran dos amargos y vacíos huecos que efectivamente ya no me reflejaban nada;

-       Grité; ¡No voy a quedarme para nada ¡ 

Te lo dije al mismo tiempo que tomaba mi maleta, vi nacer llanto de tus lagrimales inexistentes, articulando única pregunta;

-       ¿Por qué yo?

-       Porque mi sabor de helado favorito solía ser el de avellana.

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Tere Carrizales

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