BARBARIE

Alternativa - Daniela Cid 12 de noviembre de 2020 Por Daniela Cid
Captura de pantalla 2020-11-12 a la(s) 13.57.24

@dany_cid

El desayuno estaba dispuesto en mesas largas con bancas de madera carcomida por polilla. Hileras de manos tomaban la comida dispuesta frente a ellos. Yo tenía frente a mí diversas masas gelatinosas, un bufete amorfo en tonos cafés, con intervalos de galletas que había que morder con las muelas. El clima se situaba entre un gozoso disfrute y una desesperación evidente. Mientras dudaba si participar de aquél banquete, la figura a mi costado me dijo: come, disfruta cada bocado, el desayuno es la mejor parte del día.


Tras saciarme, caminé con la cabeza baja, tratando de captar lo más posible del rededor por los extremos de los ojos, encontrando solo pies avanzado, uno tras otro en una interminable fila, haciendo sonar las cadenas y levantando un polvorón al caminar.


Al llegar al patio, solo los pies fueron libres. Sin cadenas, se comenzaron a reunir en grupos a mi alrededor. Me fui a una esquina y se me advirtió que no podía pasar de esto. Tenía que participar. Huesos cubiertos de piel manoteaban por hundirse en mí. Asqueada, los apartaba sin poder soportar el irrespirable humor de los cuerpos. Busqué refugio y vi a una mujer con un raído vestido turquesa del que brotaba la piel que intentaba contener.


Tristán e Isolda sonaba por los altavoces de las esquinas, escapando a la alambrada que se asomaba por todo lo alto. Me acerqué a ella y la puse sobre mí, tratando de sonar lo más agradable posible para que se quisiera quedar y pudiera yo así, no estar con nadie más. Ella, viéndome a su vez con repulsión, aguantó el tiempo necesario, sin moverse, hasta que el tiempo asignado terminara. Por lo bajo, me susurró al oído: ahora viene lo peor.


La fila se ordenó sin que nadie lo pidiera. Con la cabeza gacha, entramos a la fábrica mientras Wagner se diluía a cada paso.  Hacinados, observábamos el fondo del taller en el que estaban las máquinas chillando. Por grupos, se fueron acercando, cuando llegó mi turno, las máquinas estaban funcionando en su total capacidad, y la transparencia de su diseño, pude ver los estómagos de todos los presentes triturándose en una mezcla arrojada por un conducto, bajo el cual había que poner las manos para recibir el pudíny después, comerlo.


Veía nerviosa a todos, la conciencia me abofeteó y me hizo buscar miradas más allá de las resignadas para encontrar una salida, o al menos, consuelo. Volteé con desesperación al hombre junto a mí y le dije, no puedo, simplemente no puedo, no me importan las consecuencias, no lo haré. Y casi con simpatía me dijo, si no lo comes, lo que sucede es que, al ponerse el sol, liberan un ave que carcome las entrañas, sin parar, una y otra y otra vez, y estas crecen, para su disfrute. El dolor es intolerable, pero la vida no se apaga. Es lo que yo elegí. 


Apreté los ojos, la barbarie o la tortura. Tocando levemente mi brazo me dijo, pueden denigrar mi cuerpo, pero a mí, jamás.Abrí los ojos, y el mantra llenó mi mente: pueden denigrar mi cuerpo, pero mi corazón, jamás. Pero a mí, jamás. 


Que venga el ave.

Sobre PoliticArte 
Somos una tribu digital, recolectora de noticias y creadora de periodismo, promotora del arte y admiradora de la cultura mexicana, vigilante del Poder y altavoz del Pueblo.

¡Haz Tribu y comparte PoliticArte!

Te puede interesar