De promesa de amor a riesgo de muerte.

Desde lo femenino - Lucy Pérez 25 de noviembre de 2020 Por Lucy Pérez
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La vi llegar, cruzo mi oficina y en un abrir y cerrar de ojos tenía frente a mi a una hermosa chica envuelta en llanto, usaba lentes obscuros, su voz entre cortada y agitada, miraba a todos lados como cuidando que nadie supiera su identidad. 


Era hermosa, vestía con gran clase, sin embargo pude percatarme de su gran inseguridad, aun no empezábamos la conversación y pude ver a través de sus lentes algunas huellas de violencia, ella, al tiempo en que tomaba un vaso de agua que le ofrecimos me empezó a narrar que gracias a una hermana había podido escapar de su esposo, quien la tenía encerrada en su casa y no le permitía salir libremente a menos que una persona que el había destinado la acompañara. 
En mi interior pensé “esto solo ocurre en las películas”, pero no, ahí estaba ella pidiendo ayuda, víctima de un hombre que preso de sus inseguridades y carencias la poseía como si fuera un premio, un objeto más en su vida. 


Otra ocasión llego una señora que acompañaba a su hija, a quien su pareja le había propinado una bestial paliza, la señora muy enojada intentaba convencerla de que interpusiera una denuncia. La hija justificaba lo ocurrido diciendo que ella lo había hecho enojar, que merecía el castigo. Su mamá externaba el temor de que en una próxima ocasión no solo la lastimaría nuevamente, sino que, de continuar con esa persona ponía en riesgo su vida. 


Fue difícil convencerla, ella decía amar demasiado a su pareja y además temía salir adelante sola, pues nunca había trabajado y dependía de él económicamente, era evidente que los maltratos psicológicos habían causado estragos en su autoestima. Estando frente al ministerio público y ante la posibilidad de que el hombre fuera aprendido la joven mujer dudaba en continuar con una denuncia por violencia de género. 
Podría seguir narrando historias que atestigüe cuando fui titular del hoy extinto Instituto Jalisciense de las Mujeres, era inconcebible entender como alguien quién dice amarte, termina siendo tu principal verdugo.
Durante esos años y posteriores he sido parte de las mujeres quienes desde diversas posiciones nos hemos empeñado en erradicar la violencia contra las mujeres. Activistas, políticas, funcionarias públicas, ciudadanas comprometidas. Lamentablemente no solo son comunes estas historias, sino que cada vez más son conocidos los casos de quienes murieron a manos de ese hombre que antes juro amar y respetar a esa mujer. 
 
 
¡Cómo nos hace falta fortalecer los valores familiares! ¡Cuánto tenemos por hacer en la formación de nuestras hijas e hijos! A ellas para que se valoren y no permitan que nadie les ponga una mano encima, a ellos para que respeten la dignidad de cada mujer y aprenden a resolver sus diferencias de una manera pacífica. 
No podemos permitir que la cultura machista siga permeando en nuestra sociedad, ni que las mujeres sigan siendo percibidas por algunos hombres como objetos a quienes pueden maltratar, golpear, lastimar y poseer. 


Mujeres y hombres somos familia humana y como tal tenemos una misma dignidad, nadie puede estar por encima de la otra persona, es imperante fortalecer el respeto, la reciprocidad, la comprensión y el entendimiento. 
Creo firmemente en que es posible la mutua colaboración en una relación de pareja, que el amor es una decisión que se forja día a día, pero jamás será justificada la violencia en cualquiera de sus manifestaciones como una expresión del amor. 
En este mes que recordamos la lucha por erradicar la violencia contra las mujeres elevo la voz por todas ellas quienes amaron demasiado al punto de no haberse percatado que ese amor las podía llevar hasta la muerte. 


Por todas las niñas y mujeres que han muerto a manos de hombres que vacíos de amor y llenos de odio llevaron sus acciones a fatales consecuencias y privaron de la posibilidad de verdaderamente amar a esas mujeres. Desde este espacio me uno al clamor de justicia con la esperanza de que nunca más una mujer sea victima de la violencia y mucho menos pierda su vida a causa de una mal entendida forma de amar. 

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