Violencia de género: entender las causas para plantear soluciones

Alternativa - Daniela Cid 10 de febrero de 2021 Por Daniela Cid
Columna "Alternativa" de Daniela Cid para #CulturizArte
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En múltiples ocasiones he escuchado que es un despropósito hablar sobre violencia contra las mujeres pues deberíamos estar hablando de violencia en general, debido a que la cantidad de crímenes contra los hombres supera en cantidad a los crímenes contra mujeres. 

En dichas conversaciones, tanto con hombres como con mujeres, percibo irritación en torno al tema y a la cantidad de “atención” que se le da en medios y en discusión pública.  Incluso, he escuchado que la violencia de género no existe, que la violencia es simplemente una, misma que afecta a todas las personas en lo general. 
A quienes piensan así, permítanme presentarles algunos argumentos a partir de los cuales espero puedan reconsiderar esta postura.

En orden de acercarnos a la construcción de soluciones para la prevención y erradicación de la violencia, es necesario identificar que los distintos tipos de violencia tienen su raíz en una concepción concreta. Por ejemplo,  de acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados, el racismo es un sentimiento de pertenencia a una grupo (entendido como raza) que se considera superior y que tiene, como consecuencia, la persecución o discriminación de otras personas que pertenecen a grupos diferentes. La palabra xenofobia por otro lado, hace referencia al miedo y el rechazo hacia las personas extranjeras. Por lo que dos características comunes de estas actitudes son la falta de empatía hacia personas que consideradas de una cultura diferente y la violencia que esto desencadena.

En este sentido, las medidas que se pueden tomar para contra el racismo y la xenofobia son entre otras la educación basada en valores (solidaridad, igualdad, amor, respeto), información basada en datos objetivos sobre inmigrantes y refugiados, luchar contra prejuicios y estereotipos (para eliminar las simplificaciones sobre su realidad) y la integración de los migrantes en el país que les acoge en condiciones de igualdad con los nacionales. 

Si bien en el ejemplo anterior hay principios generales para erradicar cualquier tipo de violencia, tales como la educación basada en valores y el énfasis en la solidaridad, hay algunas otras rutas específicas para este tipo de violencia, como la generación de estrategias para la integración y la eliminación de prejuicios contra quienes llegan a otro país buscando mejores condiciones de vida para sus familias. 

Ahora bien, en el caso de la violencia contra las mujeres y las niñas, la raíz más profunda se encuentra en la discriminación basada en el género, es decir, en normas sociales que aceptan la violencia y la concepción de que las mujeres deben estar subordinadas a los hombres teniendo como consecuencia una profunda desigualdad -arraigada en la cultura- entre hombres y mujeres. 

En otras palabras, de acuerdo con la UNICEF,  los actos de violencia contra las mujeres y las niñas son a la vez una expresión y una manera de reforzar la dominación masculina, no sólo sobre las mujeres y las niñas individuales, sino las mujeres como una clase entera de personas. 

Por ejemplo, al hablar de delitos sexuales, por cada delito contra una hombre, hay 9 mujeres que lo han padecido y en su gran mayoría, son cometidos por hombres. Por supuesto que los delitos sexuales contra cualquier persona, del sexo que sea son atroces y condenables. Lo único que estoy apuntando aquí es la necesidad de preguntarnos ¿por qué hay esta desproporción y tendencia sostenida a lo largo del tiempo?

La concepción -consiente o no- de que una mujer debe estar sujeta a las decisiones de un hombre (papá, novio, esposo, etc.) o que de alguna manera es, ya no una persona con decisiones propias, sino algo que se puede poseer si el antojo del varón así lo indica, por mencionar algunas, son en su raíz más profunda lo que provoca las distintas violencias contra las mujeres. 

Esta concepción no es únicamente en el tema de violencia sexual, es posible identificarla en cuestiones tales como la propiedad o la tenencia de la tierra. En este sentido, un claro ejemplo es que tan solo el 25% de las personas que son ejidatarias o dueñas de la tierra que trabajan son mujeres, mientras que en materia de vivienda, las mujeres solo son propietarias del 35% del total de viviendas en México.

Según la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, esto se debe al hecho de que: “El registro de la propiedad está a nombre de un hombre: el padre, el marido o el hermano. En caso de separación o divorcio, el hombre suele retener los derechos sobre la propiedad o la tierra, mientras que la mujer se queda sin hogar o tiene que compartir la propiedad con su familia política, sin obtener dominio ni derechos sobre ella…En las comunidades rurales, la propiedad de la tierra determina a la vez la categoría social y la manera en que se ejerce el control sobre los recursos e ingresos del hogar. La desventajosa posición económica de las mujeres en este sentido genera una dependencia estructural de los hombres en lo tocante al acceso a los recursos, lo que a su vez puede exponerlas a la inseguridad y la violencia”.

Por otro lado, el Papa Francisco recordó que el canto del Magnificat, “nos lleva a pensar también en tantas dolorosas situaciones actuales en particular en las mujeres esclavas de la prepotencia de los poderosos, en las niñas obligadas a realizar trabajos inhumanos, en las mujeres obligadas a rendirse con su cuerpo y su espíritu a la avidez de los hombres”. 

Por su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia declaró en el inicio de la campaña “Mujeres superando las violencias” que ésta se realizaba en el marco del Día de la No Violencia contra la Mujer en 2018 “Ante la relevancia social y política de esta fecha, las alarmantes estadísticas sobre los distintos tipos de violencias, las estructuras sociales y culturales que soportan y legitiman el maltrato contra las mujeres, la Iglesia Católica, al tiempo que exhorta a la sociedad civil y al estado a contrarrestar este flagelo, reitera su compromiso con la dignificación de las mujeres.

Al mencionar estos ejemplos, lo que quiero poner sobre la mesa es la complejidad que tiene hablar sobre violencia contra las mujeres, no se trata de personas sin valores que atentan contra personas con valores, tampoco de hombres contra mujeres, el asunto de la violencia de género implica un entramado de realidades enraizadas en la cultura de la sociedad, que tienen como consecuencia desigualdad y violencia.

En este sentido, es posible afirmar que la mayoría de los esfuerzos para poner fin a la violencia contra las mujeres y niñas se han centrado en proporcionar respuestas y a las sobrevivientes de violencia. Sin embargo, la prevención (que consiste en abordar las causas estructurales y los factores de riesgo y de protección asociados con la violencia) es esencial para erradicar todas las violencias, en este caso, la violencia contra las mujeres y niñas.

Si no se comprende la causa que provoca la violencia, ésta no puede ser erradicada. Si se junta todos los tipos de violencias en un solo saco en el cual, la única variable identificada es la maldad humana, el camino hacia la prevención será aun más largo.

Todas y cada una de las violencias, aquellas que sufre la infancia, la juventud, los hombres, las personas adultas mayores, las personas migrantes, las personas refugiadas, las personas indígenas o con discapacidad, las niñas y mujeres (por mencionar algunos grupos que son más propensos a sufrir uno u otro tipo de violencia) son igualmente condenables y se requiere una estrategia específica para prevenirla y para que las victimas accedan a la justicia. 

En el caso de la violencia contra las mujeres, se requiere identificar las causas y a partir de un diagnóstico serio de las mismas, crear políticas públicas que reduzcan la brecha de desigualdad, que permitan a las mujeres acceder a un pleno desarrollo de su persona y que impulsen un cambio cultural profundo en el que las mujeres puedan vivir en paz y libertad.

Este proceso, debe ser por supuesto realizado en el caso de las circunstancias particulares y violencias que los hombres enfrentan con mayor frecuencia, y trabajar por su prevención y erradicación, y así con las violencias con las personas migrantes, indígenas, etc. Trabajar en ello, no minimiza o deslegitima las demás luchas, se requiere que haya personas que impulsen la atención de las causas de la violencia contra niños y niñas (México es el primer lugar en el mundo en abuso sexual infantil), la que se ejerce contra personas con discapacidad o contra aquellos jóvenes a quienes el crimen organizado se presenta como una de las pocas opciones viables de empleo entre muchas otras que existen, que están ahí y que necesitan trabajo y atención. 

Creo que es necesario que existan personas comprometidas con diferentes causas, que se especialicen en ellas, que se comprometan con la investigación y planteamiento de soluciones, está bien y es necesario.

Por tanto, para la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, se necesita personas que conozcan y estudien fenómenos como el feminicidio , la violencia sexual sistemática contra las mujeres o la violencia intrafamiliar por mencionar algunos temas que impiden que las mujeres vivan una vida libre de violencia.

El punto central está en comprender las causas y su complejidad, para trabajar -sociedad y organismos públicos- en soluciones de fondo que permitan a cada persona vivir de acuerdo a la dignidad que tienen, por el solo hecho de ser humanos.

#NiUnaMás
#NiUnaMenos

[1] De acuerdo con lo establecido en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la violencia feminicida es: “La forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar a la impunidad social y del Estado y que puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres”.

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